Veterinario en Wikipedia

La cuestión es que en Wikipedia mete mano todo aquel que le da la gana. Tuve un amigo que trabajaba en una de las editoriales más importantes de España. También, en los ratos libres, se tomaba sus traguitos y, a veces (como muchos de nosotros), se pasaba. Y una noche se tomó todo el tiempo del mundo para emborracharse y divertirse. Al día siguiente, llegó a su despacho con una resaca monumental. Le reprocharon que ayer tenía que haber dejado un trabajo terminado y que todavía no lo había entregado. Mi hombre, resentido del todo por la borrachera de la noche anterior, echó manos de la inefable Wikipedia y copió, tal cual, la biografía de un escritor muy importante que allí venía relatada con todo género de detalle. La envió a la imprenta y el libro se imprimió con la inefable nota biobibliográfica que mi amigo había sacado de Wikipedia. Cuando el famoso escritor recibió los primeros ejemplares de su libro montó en cólera. Aquella nota hablaba de él pero no decía de verdad sino su nombre de escritor. Todo lo demás, incluso su lugar de nacimiento, “era un invento monstruoso”. Ni que decir tiene: mi amigo fue fulminantemente cesado por sus superiores y lo echaron a la calle de la editorial como los camareros echaban de los bares a los cuatreros en las películas del Oeste. Mi amigo nunca volvió a hacer dos cosa en toda su vida, que yo sepa: trabajar en una editorial y consultar las biografías de escritores de Wikipedia.
Hace unos días recibí un cuestionario de una revista del Perú, hecho por un gran periodista con el que había quedado para le entrevista. En una de sus preguntas me dice qué cómo siendo escritor soy también veterinario, y que cómo me va en el trato con los animales. Yo, en ese momento, no sabía que algún malévolo introductor de embustes en Wikipedia me había convertido en veterinario a los ojos de todos los consultores del diccionario. Seguí la broma del periodista peruano y le contesté a su pregunta: yo no era veterinario, pero mejor me hubiera ido sabiendo algo fino del trato con los animales para moverse en la literatura, donde al final hay tanto perro e incluso muchos cerdos, con perdón de ustedes. Durante una reciente visita a Estocolmo, un profesor de la Universidad de la capital sueca que estaba conociendo en ese momento, me volvió a preguntar que si había sido mi devoción por los animales lo que me había llevado a estudiar veterinario además de ser escritor de novelas y artículos. O sea, que la especie había tenido fortuna.
Ocurre que hace unos meses escribí una broma en un artículo en el que venía a decir, siempre en broma, que a Cristo lo habían matado un grupo de catalanes que Poncio Pilatos, que había sido gobernador del Imperio en aquella provincia de la Hispania, se había llevado hasta Galilea cuando lo destinaron a aquel paraje tan peculiar, sagrado y belicoso. Los independentista catalanes se tomaron en serio mi chiste viejo y comenzaron a asaetearme en Internet con piropos de todo género, desde analfabeto funcional a mentiroso y español (que para ellos es la misma cosa). Y, por esas mismas fechas, aparecí en Wikipedia como veterinario de profesión y cuidador de perros en un pueblo de la Sierra de Madrid.
Sugiero que no hagan mucho caso de lo que la inefable Wikipedia dice de cualquiera de los que aparecemos en sus páginas virtuales. Vamos a tomarlo todo a broma o a beneficio de inventario. La cosa no tiene pase, pero hay que tener cuidado y de vez en cuando echar una ojeada a nuestra propia biografía para evitar inventos y entuertos que a veces nos hacen más sabios de lo que realmente somos. Después de pensarlo mucho, he decidido ponerme a estudiar Veterinaria para seguir sobreviviendo en este mundo de la literatura donde abunda una especie animal de la que lo menos que podemos decir es que es una fauna difícil de llevar. Ahora, después de una semana en Estocolmo, oyendo en las noches música de jazz, dando conferencias por el día y visitando lugares de lujo, como la última casa de Strimberg, sin ir más lejos ni más cerca, pienso que muchas cosas de la vida que no tienen sentido y que hay que tomarse desde el principio a broma nos las tomamos, sin embargo, en serio. Aquí, en este mundo, estamos de paso y lo mejor que podemos hacer es tomarnos a broma lo que realmente nos creemos que somos e incluso lo que no somos. De aquí en adelante no voy a desmentir a nadie que diga cosas sobre mí, sean o no verdades. Ni siquiera a los independentistas catalanes, sean estos de verdad o de mentira.

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