El crédito del héroe

Hay días en los que la literatura cumple papel de justicia. Bajo Cervantes cabe todo, incluso arbitrariedades ya cometidas en el pasado con el galardón que lleva su nombre. Hoy, sin embargo, es un día de justicia: Caballero Bonald, un escritor mestizo, barroco, cuidadoso, documentado y generoso con la vida, el mundo, el demonio y la carne, ha sido premiado con el Cervantes, que se premia también a sí mismo con el crédito de un héroe literario. Llevo años diciendo y escribiendo que Caballero Bonald es uno de mis maestros vitales y literarios (el otro es Vargas Llosa); que Caballero Bonald es el mejor escritor de España; que no será el mejor memorialista, que lo es, que no será el mejor poeta…, que lo es, que no será el mejor ensayista ni el mejor novelista, pero que en conjunto su discurso y su obra literarios lo convierten en el mejor escritor de España en estos momentos, y uno de los más relevantes de nuestra lengua española.
Poéticamente, el discurso de Pepe, para los amigos, pertenece desde siempre a la oposición. Como decía Balzac de sí mismo, a la oposición que se llama la vida. Y esa vitalidad la ha transmitido, verso a verso, golpe a golpe, a toda su literatura. Un vez, en 1978, lo vi escribir un poema excepcional en una plaza de Estocolmo donde reposaban hiperbóreos borrachos que se habían ganado su condición de tales luchando en la vida por mantenerse en la resistencia. He visto vivir y escribir a Caballero Bonald siempre desde y en la resistencia, contra todos los poderes y las modas. Así puedo decir y lo digo hoy con voz muy alta que es un clásico vivo de nuestras literaturas, un héroe literario con crédito sobrado, un escritor que, aunque diga lo contrario, siempre tendrá que decir y escribir mucho porque siempre tendrá mucho que enseñarnos. Con Pepe he caminado historias, geografías, sueños, mitos bebidas conocidas y desconocidas; con Pepe he transitado literaturas, viajes, carcajadas inolvidables e historias que él ha contado en sus memorias y yo estoy contando en las mías; con Pepe hemos aprendido toda una generación a saber respetar y admirar a los escritores de una generación superior, la del 50, todos amigos y santos bebedores, desde Carlos Barral y Claudio Rodríguez, hasta el mismo Caballero Bonald. Comprenderán que debo, para escribir estas líneas pasionales sobre un héroe literario, un resistente de los que gustaban a Watt, contener mi euforia amistosa e intelectual. Enhorabuena a Pepe. Enhorabuena al Cervantes. ¡Viva la oposición que se llama la vida!

* Artículo publicado en La Vanguardia, Barcelona, 29 de noviembre de 2012.

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