El Boom

El Boom es una onomatopeya: un estallido, literalmente. Eso fue lo que sucedió en la década de los 60 del siglo pasado, ya hace cincuenta años, cuando estallaron los talentos de tantos novelistas en América Latina: García Márquez (Nobel, 1982), Vargas Llosa (Nobe, 2010), Cortázar, Carlos Fuentes, Cabrera Infante, José Donoso, Jorge Edwards, Adriano González León, Salvador Garmendia. Y otros muchos. Así se descubrieron talentos anteriores, pero no menos fecundos y lúcidos: Alejo Carpentier, Arturo Uslar Pietri, Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Miguel Ángel Asturias (también Nobel), Ernesto Sabato, José Lezama Lima. Y, por encima de todos, al menos en mi criterio, Jorge Luis Borges, a quien un sueco muy pesado y sectario, Artur Lundkvist le negó el Nobel.
Ahora, en la Cátedra Vargas Llosa, que dirijo desde su fundación el año pasado en octubre, hemos querido celebrar los cincuenta años del principio de ese Boom que no cesó hasta el momento presente, fenómeno de excelencia literaria que disparó todas las miradas críticas y académicas del mundo hacia América Latina, sus escritores y sus escritores. De modo que aproximadamente cincuenta escritores nos hemos reunido en ocho universidades españolas al mismo tiempo para llevar a cabo una revisión de aquel tiempo y aquellos escritores y escrituras que han soportado el paso del tiempo con la frescura de un fruto eterno.
Todos los veranos me refugio en las páginas de “Rayuela”, una novela espléndida de Cortázar a la que hoy por hoy le costaría mucho ser editada:los tiempos han cambiado y el mundo editorial también. La literatura no vale gran cosa para el mundanal ruido y llevar una novela a la conversación de la gente, y mantenerla allí, en lo alto de un debate mayor, se nos antoja poco menos que un milagro. Pero el verdadero milagro literario para mí es “Rayuela”, que se mantiene viva desde la raíz y sus esencias hasta sus resultados y arbitrariedad intelectuales. Fue, en su momento, un gran logro, hace casi cincuenta años,
y seguirá siendo de lectura obligada para quien quiera saber qué cosa es el Boom, qué fue y que será.
Los novelistas que hemos venido detrás de aquel milagro, el propio Boom, somos hijos de aquellos, aunque no tengamos el mismo talento ni vivamos los mismos tiempos que antaño. Cincuenta de estos novelistas nos vimos las caras en una cena ofrecida por el propio Mario Vargas Llosa en el un restaurante peruano, “La Gorda”, en el centro de Madrid. Y esa cena fue el principio de una celebración literaria y amistosa en la que cada uno de los escritores convocados esgrimió sus argumentos literarios y su discurso sobre el Boom, que hemos colgado en la web de la Cátedra Vargas Llosa, día a día, conforme las conferencias se iban celebrando en ocho universidades españolas. Claro que esta misma experiencia hay que llevarla pronto y con garantías a ocho universidades de América Latina, tal vez en Perú, como primer destino, tal vez en Brasil, como un destino obligatorio en el presente y en el futuro de la lengua y las literaturas en lengua española.
En cuanto a Panamá, esa misma Cátedra Vargas Llosa tiene en alto un reto: reunir en fechas del otoño de 2013, tras el Congreso de la Lengua, a diez o doce narradores centroamericanos, incluyendo Panamá, para que este país empiece a tener la centralidad literaria que necesita y tal vez vigorizará a la propia narrativa panameña en años posteriores. Lo más probable es que los ecos de la celebración en España del Congreso de El Canon del Boom abra caminos en Panamá. Y que determinadas instituciones culturales y empresas privadas se unan, junto a la Embajada española, para llevar a cabo esta experiencia literariamente sumamente importante.
Colombianos, venezolanos, argentinos, mexicanos, peruanos, españoles, ecuatorianos, chilenos: cincuenta escritores de la lengua española hablamos conjuntamente. No hubo algarabía ni bochinche, anduvimos con cuidado y respeto, con carácter literario y con amabilidad contemporánea. Un ejemplo. Una experiencia fructífera. No estaban todos los que, en efecto, son, pero todos los que estaban también son, y al son de ese son bailamos en la amistad y la literatura durante esta última semana. Ojalá que esta experiencia sirva para que las instituciones de Panamá, las universidades panameñas, junto a la Cátedra Vargas Llosa y la Embajada de España podamos llevar a cabo en noviembre del año que viene una experiencia parecida, igual o mejor que la que acabamos de vivir la semana pasada en España. Nuestros países parecen vinculados por la misma lengua y las mismas costumbres, mutatis mutandis, pero los escritores principales de esas nacionalidades nuestras apenas se conocen entre sí. Sólo los amigos nos leemos y estudiamos, nos citamos y queremos. Hay que acabar con ese vicio del desconocimiento y el ninguno recíproco por el camino de la integración y el respeto literarios. Ese es parte de nuestro quehacer, hoy por hoy, contra viento y marea.

* Artículo publicado en La Prensa, Ciudad de Panamá, en mi columna “En la corta distancia”, de la página Perspectivas, el domingo 11 de noviembre de 2012.

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