Resurrección al sur

El juez Ruz ha reactivado el llamado “caso Soria”. Me refiero al secuestro, tortura y posterior asesinato del español Carmelo Soria en el Chile Pinochet. El “caso Soria” muere y resucita de cuando en vez. Y ahora reclama justicia de nuevo: lo secuestraron y mataron siete animales fascistas en Santiago de Chile. Este asunto me conmovió hace muchos años y me obsesionó, como ciudadano y escritor, hasta que no pude resistir la tentación de escribir una historia novelada, es decir, una novela, que titulé “Al sur de la resurrección”. Titulé la novela porque siempre intuí que el muerto, el asesinado, no iba a dejar descansar en paz a los criminales y que volvería una y otra vez hasta que los miembros de la Brigada München, de la Dina pinotechista, que lo mataron fueran juzgados y condenados. Conocí el “caso” a fondo, hablé con mucha gente en Chile, supe secretos y no los guardé: están en la novela. Intuyo ahora que el asesinato señala desde la eternidad a los responsables criminales de su muerte. Y he vuelto a leer algunos párrafos de la novela, emocionado por el recuerdo de Carmelo Soria, los amigos que hice cuando escribía la novela y después, su viuda y su hija valiente, Carmen Soria, una mujer que no cede ante el tiempo y las diversas inclemencias de nuestra vida. Ahí está: delante de todo el mundo, buscando justicia. Una vez, en un juicio en Santiago de Chile, miró al asesino directo, el que lo mató, a los ojos. El criminal le mantuvo la mirada para acabar bajando los ojos ante la fuerza vital y justa de Carmen Soria, esa especie de Antígona chilena, incansable en la búsqueda de la justicia y con la memoria de su padre, por cierto un tipo excelente.
Ella fue quien me contó la anécdota, cenando en Santiago una de las tantas veces que lo hicimos, llenos de confianza y amistad. Y ella fue quien me dijo el nombre de los siete criminales ahora procesados por el juez Ruz en España por “genocidio”, una vez que la Justicia chilena dio el carpetazo al “caso”. Como si el tiempo no hubiera transcurrido, Carmelo Soria, una y otra vez, se levanta desde su tumba para recordar a la Justicia del mundo que hay que condenar siempre a los asesinos. Sigo leyéndome en “Al sur de la resurrección”. Resurrección constante del asesinato para condenar a los criminales.

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