Miranda y Bolívar en Valencia, Venezuela

Entre Bolívar, Miranda, Valencia, Caracas, las autonomías y el federalismo, he pasado un gran día con nuevos amigos venezolanos: José Napoleón Oropeza, Nelson Acosta, Miguel Megias y Rafael García Elías. Presidida por la amistad y el respeto la vida es un privilegio del que podemos aprender todos los días, además de respirar libres por los cinco costados, incluso el del alma.
Vine a Valencia a la Filuc, la feria del libro de esta ciudad que no conocía. Y ahora no me quiero ir de aquí. Hemos comido una espléndida carne en el restaurante de la Asociación de Ganaderos, tal como me había aconsejado un camarero muy amigo mío, Javier, que nos atiende todos los lunes en el Café Gijón de Madrid. No se equivocó nada al recomendarme esa cocina de carne, pero yo no sabía entonces, hace unos días, que aquí me esperaba también otro gran privilegio: la magia insomne de la amistad.
Profesora y empresarios, mis nuevos amigos me hablaron del poeta Andrés Eloy Blanco, de Bolívar, de la actual situación política y económica de Venezuela, un país que visite por primera vez en 1976, cuando ya muerto Franco por fin recuperé mi derecho de pasaporte que la dictadura me había quitado, junto con todos los demás derechos civiles. Hablamos de la diferencia entre autonomía política y federalismo, la única centrífuga y el otro centípetro. Una huya, camina hacia la secesión y la independencia, mientras que el federalismo exige un pacto de territorios que se unen respetando su diversidad, pero que nunca buscan el separatismo ni el soberanismo. No sé si ya es tarda para España en esas lides, no se si Venezuela, que es federal, mantendrá y enriquecerá su diversidad en ese pacto federalismo que creó el país. Tal vez esas reflexiones vespertinas de Valencia con mis amigos no sean mas que ínfulas nostálgicas de gente que envejece, per sin embargo, recuerda, ejercita diariamente la memoria y se mantiene y siente joven. Al y al cabo, la vida es importante cuando somos libres y sentimos que respiramos por nosotros mismos.
Ha venido a Valencia a reencontrarme con Venezuela y la cordialidad de su gente, tan cómplice, tan vital, tan cerca de la vida.
Durante las jornadas de la feria del libro de Valencia hablé de mi novela sobre Miranda. Mucha gente a la expectativa, porque hablar de Bolívar en este país y someterlo al análisis de su propia humanidad como ser humano parece ser una cosa muy rara. Yo, por tantas cosas, nunca me arrepentiré de sentirme medio venezolano y venezolano entero cuando estoy en Venezuela.

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