Pabellón criollo

Vuelo hacia Venezuela. Ese país también es el mío, con toda su violencia y todo su amor, con todo su petróleo y su gente. Hace ahora quince años que no voy a Caracas. Antes fui, bien contadas, veintidós veces. Por eso digo que soy un español canario, mitad venezolano, mitad cubano. Es decir, casi panameño. No creo mucho en las naciones, ni en las raíces, ni mucho menos -en esto no creo nada- en la pureza del origen y la raza. Milito desde hace muchas décadas, o decenios (como ustedes quieran), en la única ideología que tengo, la del sentido común y el mestizaje de todo.
Voy a Venezuela una vez más por razones literarias, a presentar en la Filuc, en Valencia, Estado de Carabobo, mi novela sobre Miranda y Bolívar, esta traición que todavía la Historia con mayúsculas no ha digerido bien, aunque nos novelistas ya han entrado a saco en la desmitificación del santoral de los Libertadores de America. Ahora, con un pie en el avión, hago memoria de algunos otros viajes a Venezuela; de mis amigos muertos; de los que, felizmente, todavía respiran y voy a volver a ver en esta ocasión. Caracas es una capital que se a vuelto mucho más violente e insufrible de lo que fue nunca, aunque siempre hubo una fuerte tensión social en sus calles y en sus barrios más pobres. Una vez pensé que algún día esos barrios caerían enteros como un solo ejército sobre esa ciudad adormilada y larga del Valle de Caracas y se cobrarían en una noche de cuchillos largos las muertes inocentes de miles de personas. No ha sido así, pero los casi 20.000 muertos de violencia en la capital venezolana en los años anteriores deja n saldo m negativo.
No les niego que estoy algo inquieto y nervioso. Esa sensación de una cierta incertidumbre es el resultado de una larga ausencia, de una inmensa distancia en estos años anteriores. Ahora regreso a ver Venezuela durante una semana. Estoy seguro que renovaré mi amor por ese país. Por sus gentes. Estoy seguro que, una vez más, me sentiré venezolano y medio cubano. Estoy seguro que la memoria renovará también los archivos de los recuerdos y que volveré a pasa ratos de felicidad entre la amistad leal y antigua y la de los amigos nuevos que conoceré en Caracas.
Y, pase l que pase, lo primer que haré al entrar en el hotel de Valencia es pedir mi plato favorito de la cocina venezolana: un pabellón criollo. Ya les contaré cómo fue la cosa.

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