Tremendo tipo el escritor

Lleva cincuenta años de su vida publicando artículos en los periódicos, pero no es exactamente, en mi concepto al menos, un periodista profesional, sino un escritor enrolado en los periódicos; un escritor, en fin, que no puede prescindir de escribir y publicar en periódicos y revistas. Una noche de principios de agosto, en un Madrid de caluroso fuego, lo vi al borde mismo de la angustia porque tenía que escribir un artículo antes de la madrugada de esa misma noche. No tenía asunto, estaba muy nervioso porque no le gustaban los temas que se le habían venido a la cabeza durante el día y se le escapaba el tiempo sin dar con la clave del artículo que tenía que escribir.
Leí el artículo una semana más tarde. Trataba de unas librerías de San Francisco, Estados Unidos, aunque no era un artículo de los suyos ni aquella escritura parecía a su altura. Pero tenía que escribirlo aquella misma noche y lo escribió, contra viento y marea, contra el bloqueo mental y la pereza. Así ha sido durante cincuenta años de su vida. Lo he visto escribir a mano, con lentitud y mimo, más de un borrador de esos artículos. Información, documentación, orden del discurso, veracidad, estética de escritura en prensa: esas son sus virtudes. Y la exhibición constante de argumentos y criterios que no transigen con los dogmas de las izquierdas convencionales ni con los estereotipos autoritarios de las derechas. El resultado es siempre brillante, muchas veces conflictivo, siempre molesto, díscolo y rebelde a sus casi ochenta años de edad. Y un ejercicio de auctoritas muy poco común.
La última vez que lo vi hablar en público en Madrid, muy recientemente, fue en la presentación en tres tomos de todos sus artículos publicados en prensa a lo largo de su vida. Allí dijo, sin matices de ninguna índole y entre otras muchas cosas, que el negocio del narcotráfico no tenía más solución que la legalización universal de todas las drogas. Y que el dinero que los Estados destinan a la policía y la persecución del delito de las drogas debería de ser dinero para curar y paliar la drogadicción de los que siguieran cayendo en la adicción. Hubo gente, de derechas naturalmente, que se miraba asombrada. Hubo gente, de izquierdas, desde luego, que se encontraban las cómplices miradas con una cierta incomodidad. En qué quedamos, ¿aquel tremendo escritor era de izquierdas o de derechas? Ni una cosa ni otra, sino que aquel escritor esgrimía con criterios profundos y convicciones muy serias sus propias formas de ver la vida contemporánea en uno de sus aspectos más feroces y terribles.
He coincidido con el tremendo tipo que es el escritor al que me refiero en muchas ciudades del mundo: en Panamá, en Nueva York, en Madrid, Barcelona, Caracas, Estocolmo, París, Miami, Lima, Tokio… En todas las ocasiones que habló coram populi ganó el interés mayoritario de un público que no siempre está de acuerdo con sus criterios ni opiniones, casi siempre muy inconvenientes incluso para él mismo. Pero son sus principios y no tiene otros, sólo cambia de opinión cuando ve que se ha equivocado. Contra viento y marea escribe sin parar desde que era un adolescente. Ahora que es un abuelo respetable, aunque todavía en la primera vejentud, mantiene sus teorías y las ampara en criterios con los que no siempre hay que estar de acuerdo. En cuando a sus artículos, todos son brillantes, algunos muy buenos, otros sólo regulares y, en algunos remotos casos, también los hay malos y fuera de lugar. No importa, mañana será otro día para escribir como un poseso, para dejarse doblegar por la voracidad de la escritura, esa pasión que el nombra como “la solitaria”, el gusano que vive en el intestino del enfermo y le pide a éste que no deje de comer en todo el tiempo, porque así se alimenta el bicho. Hemos estado juntos en Nueva York hace unos días celebrando la publicación de esos tres tomos de todos su artículos. Nos hemos tomado unas buenas botellas de vino chileno y nos hemos divertido hablando sin parar de una de nuestras pasiones comunes: la literatura, la escritura literaria, la vida de los escritores, los chismes de los escritores célebres…
En un momento determinado de la celebración, eché mano de uno de los tres tomos de artículos que reposaban sobre la mesa. Ojeé el libro y después lo hojeé con brevedad. Y lo miré a él mientras leía su nombre en la cubierta de sus libros: Mario Vargas Llosa. Mil quinientas páginas de artículos en tres tomos: “Piedra de toque. 1962-2012”. Cincuenta años seguidos al pie del cañón, delante del león cotidiano de la escritura, jugándose la vida en cada opinión, en cada reportaje. Tremendo tipo el escritor. Tremendo escritor el tipo. Y luego dicen que el pescado es caro.

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