Homeless en Times Square

El último reportaje publicado por The New York Times es un ejercicio de cinismo periodístico. Se dice parte de la verdad, media verdad, por ejemplo, y se ilustra con fotografías realmente dramáticas que informan de una situación limite: un ciudadano con graves dificultades económicas, probablemente un homeless, husmea en un contenedor de basura de cualquier ciudad española. Busca las sobras de los ciudadanos pudientes para alimentarse con ellas. Es verdad, media verdad,que eso pasa en España, pero también es verdad que pasó siempre y sigue desgraciadamente pasando en todas las partes del mundo, en todas las ciudades del planeta. Leí en Manhattan el reportaje del Times. Vi una y otra vez, con mucha atención, la fotografía del homeless. Leí los titulares repetidamente. Entonces me dije que era verdad del todo, que estamos atravesando una crisis moral, peor que la económica, cuando un periódico tan importante para la opinión mundial publica reportajes con asuntos que suceden, repito que desgraciadamente todos los días, en todas las ciudades del mundo.
Ese tratamiento con España, tan agresivo e incluso éticamente reprobable, hace tiempo que el Times neoyorquino lo ejecuta con una frialdad nada objetiva, sino todo lo contrario. El Rey de España en visita a Nueva York se dio una vuelta por la redacción del periódico y trató de explicar la situación real de España, muy complicada y peligrosa, pero de la que se puede salir con esfuerzo y fe en en un tiempo medio prudencial. Les dijo a los periodistas neoyorquinos que la voluntad del país estaba en salir de ese estado lamentable en que nos encontramos y les pronosticó que España sería una vez más un ejemplo de trabajo y esperanza para sus ciudadanos y el resto del mundo. Al día siguiente, el Times publica el reportaje de la ruina española y sostiene, torticeramente, que en España los ciudadanos buscan su comida en la basura.
Me senté en una silla a pensar en todo esto en Times Square en la tarde de ayer. Hacía un tiempo muy agradable y me pasé un buen rato, digamos una hora y media, viendo el gran espectáculo del mundo pasar por delante de mis ojos sorprendidos. Miles de personas de un lado a otro de la plaza, desembocando en ella, saliendo y entrando sin parar. Una marabunta vital que me regocijaba y aturdía. Entre los grandes protagonistas de la película real, que estaba viendo gratis sentado en Times Square, estaban los homeless de Manhattan. Una y otra vez, cada cierto tiempo, aparecía un pordiosero propio del Tercer Mundo rebuscando en las basuras que la gente tiraba al pasar los restos de un convite en el que ellos, los homeless de Nueva York en este caso, no participan en absoluto. Y el Times no se inmuta ni publica la indignación que puede provocarle a los hombres justos el lamentable espectáculo de un ser humano buscando de comer en la basura. Lo he visto en Nueva York, en Buenos Aires, en Pekín, en París. Lo he visto en Roma y en Madrid, en Barcelona y en Londres. Es una desgracia general y un fenómeno terrible en el sistema injustificable donde estamos viviendo. Pero el Times se rasga las vestiduras sólo cuando sucede en España. Incalificable.

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