Una dimisión política sorprendente

Nadie sospechaba una dimisión tan sonada. Esperanza Aguirre, presidente de la Comunidad de Madrid, España, ha conseguido sorprendernos en punto y fecha. Sobre todo, porque España es un país donde la dimisión de un político cualquiera es una noticia espectacular. Sucede que aquí nadie dimite: lo dimiten o, simplemente, lo echan del poder e los votos del pueblo. Pero Esperanza Aguirre se va sin perder jamás unas elecciones.
La conocí hace muchos años, tal vez en el 1995, y nos hicimos muy amigos. amigos cercano e incluso, me atrevo a decirlo, cómplices. Antes de dar el salto a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, comí con ella y algunos amigos más en el Ministerio de Cultura, de la que era titular en esos momentos, cuando algunos miserables le endilgaron el haber dicho que Sara Mago era una pintora portuguesa que ella estimaba mucho. En fin, así somos en esta tierra, donde una mujer castiza como Esperanza Aguirre, que dice lo que piensa sin pensar a veces lo que dice, da mucho juego a la gacetilla y los gacetilleros de todo el país, empezando por los Goebbels de provincias, que dicen -por ejemplo- que el Café Gijón ha perdido su terraza cuando es todo lo contrario. Mala información y peor bilis.
Los “populares”, tengo la impresión, pierden un activo de verdad y, aunque siga siendo un referente de su partido político, no será lo mismo desde arriba que caminando como soldado de pata en el suelo. Su personalidad es fuerte, como aguantar un cáncer y recuperarse. Tuvo siempre y sigue teniendo un ánimo público y privado a prueba de graves problemas y un humor que en privado, por lo menos en privado, da rienda suelta a una juerga de sus contertulios cada vez que toma la palabra.
Últimamente la he frecuentado poco, porque frecuento poco a todo el mundo, empezando por mis amigos políticos de uno u otro bando. No veo a Aguirre, no veo a Soria, no veo a Saavedra: no veo a los amigos que están política, independientemente de su raíz ideológica. No los veo porque ellos están tan sumidos en sus ocupaciones que incluso el mundo de los afectos se distancia un poco de la realidad del cariño debido. Pero no es un reproche, sino una realidad. La dimisión de Aguirre ha sido, pues, una sorpresa. Supongo que la salud no se le resquebrajará. Supongo que ahora, con más tiempos ella y más tiempo yo, podremos vernos para cenar en un restaurante indio de Madrid, de esos que a ella le gustan tanto para seguir la tertulia hasta altas horas de la noche…

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