El maccantismo y los siete pecados capitales

Ayer me hicieron una entrevista para la revista más importante de Panamá. Uno de los apartados relevantes del diálogo fue “los siete pecados capitales”. Tuve que responder con resolución y sinceridad. Dije que cinco de esos pecados capitales eran los preferidos de mi vida, desde la lujuria hasta la pereza. Conté que a Fernando Fernán Gómez le preguntaron un día por lo más que le gustaba en la vida: “Dormir, dormir, dormir”, contestó el genio. Yo no soy un genio, salta a la vista, pero me gusta mucho dormir, sobre todo dormir después de desayunar muy temprano, sobre las siete de la mañana. En cuanto a la lujuria, conjuré “el peligro” con la frase de una madre abadesa de cuyo nombre no me acuerdo: “Si abandonas la lujuria por un mes, ella te abandonará tres”. No siempre es así, pero a veces resulta productivo apartarse del seseo para volver al ataque con muchos más argumentos.
En cuanto a la avaricia, nunca fui avaricioso. Jamás me propuse ese pecado, ni siquiera lo he tenido en cuenta. He vivido la ansiedad de otros, estos sí avariciosos, con el dinero, y el sufrimiento que padecen cuando tienen que pagar a escote una comida o unos tragos. Ver a esa gente sudando porque tienen que sacar el dinero del bolsillo para pagar cuatro euros de lo que han consumido siempre me ha provocado una hilaridad contenida que a veces se rompe en carcajadas. Los avariciosos no se recuperan jamás, la enfermedad les reclama ahorro en cada ocasión y escaquearse a la hora de pagar cualquier consumición, pagar los consume.
En cuanto a la envidia, no sé lo que es, jamás la he sentido. Es posible, le dije a mi entrevistadora, que las tres cuartas partes de los enemigos literarios que tengo lo sean por envidia y la otra cuarta parte también por envidia, aunque no sea literaria. Solo he sentido la envidia de los demás y la he visto en los gestos de los envidiosos que no alcanzan el racimo de uvas que se proponen comerse.
La envidia mata a los que la cultivan en su alma, enferma de maccantismo, una enfermedad que se acaba de descubrir en los laboratorios de investigación de las enfermedades del alma. El maccantismo consiste en envidiar tanto que el envidioso, el que lo padece, no puede dejar de enviar por el teléfono móvil sms de rechazo, insultos y amenazas hacia el envidiado. Mientras tanto, el envidiado, no siente para nada la envidia. Lo que siente es pena y conmiseración por los enfermos de maccantismo, esa envidia del alma.

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