Boulevard Balboa

Hoy he vuelto un rato, después de un año, al Boulevard Balboa. Es una cantina muy tradicional frente al Océano Pacífico y la bahía Panamá donde, en tiempos y todavía, se reunía la gente política, la gente del pueblo, la gente de este pequeño país de gente con alma grande. Ahí, hace nueve años, nació la idea de escribir una novela que se titulara así, “Boulevard Balboa”, que ha ido creciendo en todo este tiempo en la oscuridad de mis ideas y que hoy crece a toda velocidad hasta convertirse en una urgencia intelectual. La novela tiene tres tiempos, los años de la construcción del Canal, los años de Torrijos con la entrega del Canal de Panamá al pueblo panameño y el tiempo presente, en Madrid y Panamá, además del futuro inmediato que puede suceder o no. Tiene personajes históricos y personajes de ficción, o no tan de ficción, y tiene historias poco conocidas fuera de este país y del mundo de la alta política. Por ejemplo, la intención de Torrijos de hacer estallar el Canal si el Congreso y el Senado norteamericanos hubieran votado en su momento en contra de la entrega del mismo a Panamá. Aparecen como personajes importantes Gauguin, por ejemplo, que trabajó durante un tiempo en la construcción del Canal, y Graham Greene, que se emborrachaba en la ciudad, invitado por Torrijos, en este mismo Boulevard Balboa y en un lugar próximo a mi cantina favorita, La Casa del Marisco. A Greene lo acompañaba siempre el poeta y matemático panameño José de Jesús “Chuchu” Martínez, que también aparece en la novela que quiero escribir ya muy pronto, y a quien conocí en Madrid, cuando yo estaba terminando mi carrera de Filología Clásica en la Universidad Complutense.
He vuelto al Boulevard Balboa por unas horas. He tomado ron y “seco”. He comido “arañitas” y pulpo a la brasa, pero sobre todo he hablado con los asiduos de esa gran cantina, que me hicieron sentir como un panameño más. Fue un rato de placidez, plenitud y felicidad. Así se hace la vida: con cosas que parecen pequeñas pero que son muy grandes. En realidad, desde que me levanté esta mañana con la voluntad de ir al Boulevard Balboa intuía, para mis adentros y en silencio, que iba a toparte y a reencontrarme de frente con la novela de Panamá que quiero escribir cuando termine, en los próximos meses, “El coleccionista de monstruos”, que tiene que ver con la España de los 80, la transición, la llamada “movida” y todos aquellos tiempos en los que fuimos jóvenes, terribles, felices, borrachos, indocumentados y tantas otras cosas inolvidables.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *