Rectificación

Como duermo entre libros, un par de horas antes de apagar la luz alargo la mano y me acerco un par de títulos, a poder ser ya leídos. A veces, la prodigalidad nos hipnotiza tanto que regalamos adjetivos sorprendentes a libros que realmente no lo tienen. Por eso es buena una segunda lectura, lenta, reflexiva, objetiva. Las novelas a las que me refiero son, ahora lo veo y por eso rectifico, pura literatura light: nulo compromiso (con nada ni con nadie), literatura sobre literatura (metaliteratura), cita tras cita de escritores importantes, escritores de culto o clásicos en los que el pretencioso se mira al espejo. Una vez escribí que “Daimon”, una novela menor de entonces y de ahora, era tan importante como “Cien años de soledad”. Es uno de los disparates más grandes que he cometido y escrito en mi visa. Entonces lo hice porque la hipnosis de la lectura me llevó al espejismo, pero una relectura de unas cuantas páginas despierta a cualquiera del error. Con las dos novelas de anoche, me pasó lo mismo: En mis discusiones sobre literatura, que son diarias, he defendido estas novelas y a su autor como el mejor de mi generación, como si yo tuviera generación (o perteneciera a alguna), pero ahora veo que fue asunto de generosidad la tal calificación y que tienen mucha razón, toda, los que me llevaban la contraria haciéndome ver que el tal escritor, el tal novelista, forma parte capital del “bluff” prestigioso de la novela en España y la que se exporta a otras lenguas. no está mal para terminar este mes de julio de tanto calor y piscina rectificar sobre un autor y unas novelas que leí en otro momento y por primera vez con la fe del carbonero. Hay que leer con calma, examinando las costuras que esconde el autor, o trata de esconder, y llegar al fondo de la cuestión: ¿qué preguntas quiere el escritor que yo me haga con la lectura de su novela y cuáles realmente me propongo yo como lector?
A esta rectificación vendrán otras muchas, seguro, porque en estos tiempos de crisis de todo género lo mejor que pueda hacer un ser humano que quiere seguir pensando por sí mismo es liberarse de sus propios errores y rectificar algunos de sus criterios más dudosos. Eso es lo que hago. Ahora encenderé en la mañana de sol un “señoritas” y me lo fumaré a la la sombra, releyendo algún capítulo de “Rayuela”, que -al contrario que lo que me ocurre con el escritor de “culto”- jamás decepciona, sino todo lo contrario.

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