La magia del sueño y otras magias

Hay hombres (y mujeres) mágicos. Hay gente que abre la boca, suelta tres palabritas y se hace la luz. Eso le sucede a Draghi, en el del Banco Europeo. Dar seguridades de defensa al euro y bajar la prima de riesgo y las dudas sobre los condenados, España e Italia (por este orden), ha sido todo. Vaya tipo Draghi. Estamos en verano, no salimos de incendios, la pandilla del odio se ha convertido en fantasmal gracias al calor y yo he decidido, entre otras cosas, dormir. De vez en cuando viene bien dormir. dormir más de la cuenta, quiero decir, dejarse dormir arrullado por un viento serrano tan suave que acaricia incluso los pensamientos. Eso es parte del paraíso.
A Fernando Fernán Gómez, que en los últimos años de su vida era catalogado por todos como un verdadero genio (lo era), le preguntaron unos meses antes de morir que, después de haber vivido tantas y tan buenas y malas experiencias, confesara que es lo que más le gustaba. “Lo que más me gusta a estas alturas es dormir, dormir mucho”. A Francisco Ayala, que dormía lo suyo (y que también era un sabio, y con la misma mala leche que Fernán Gómez), le preguntaron un día por el secreto de su longevidad: “Dos whiskys diarios y ni un minuto de gimnasia”. Murió cansado a los 103 años. Dijo “me voy”; la enfermera que lo acompañaba le preguntó que cuándo; Ayala contestó “ahora”, y se murió. Eso es sabiduría.
Duermo en mi casa de la sierra en un garaje que he convertido en suntuosa habitación de verano. Me tiendo a leer a Talese, a ver si aprendo algo de otro genio, y me suelo quedar dormido en la madrugada, cuando ya los sueños vienen a buscarme para llevarme a lugares de maravilla. Ayer soñé que estaba en un congreso de la ¡UGT! y que una parada, con todo el sentido, me robó, en un despiste mío, una cartera con muchos inéditos literarios y con material tecnológico. “Aparecerá”, me dijo uno de los jefes de seguridad. Y yo me acordé, incluso en sueños, de Draghi dando seguridades de que el euro, o sea nosotros, no corremos más riesgo que el de la prima de España e Italia, que no es poco.
Sueño mientras duermo. Sueño que escribo, que viajo, que hablo con amigos a los que no veo desde hace muchos meses y que, sin embargo, prueban su amistad leal a las primeras de cambio. Sueño y descanso, pero ni siquiera dormido dejo de escribir.

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