Lealtad y cumpleaños

Ayer, en mi casa de la Sierra de Madrid, celebré mis 88 cumpleaños. 66 de día y 20 de noche, que también hay que contarlos. La fiesta fue un jolgorio familiar y amistoso, sobre todo la gente que llamó y que me felicitó durante el día. Todo esto me hizo pensar una vez más en la lealtad, en la amistad como un valor de ida y vuelta en el que nos reconocemos los bien nacidos. Quisiera hoy, y por eso, hablar de una amiga y rendirle el homenaje de lealtad que le debo desde hace rato. Se llama Gloria y vive en Barcelona. Ha bautizado este blog con el nombre de “La proa del Titanic”, aunque ni ella ni yo estamos hundiéndonos ni se espera peligro de ese episodio terrible que preocupa hoy en día a tanta gente. Habré visto a Gloria en todos estos años un par de veces, si llega, pero nos hemos escrito y hemos mantenida la lealtad de una noche, cuando nos conocimos, que estuvo llena de gente divertida, muchos de los cuales ya no están. A veces, demasiadas veces, se mueren amigos leales, y es como si nos muriéramos nosotros un poco, porque el amigo siempre muere dos veces, la que muere él y por eso mismo la que nos morimos lentamente nosotros. Gloria lee mucho, es cinéfila empedernida y tiene una memoria asombrosa, que la hace ser, además de por otras muchas cosas, muy diferente a la mayoría de la gente.
De vez en cuando hay que recordar que la lealtad es un mecanismo del ser humano para demostrar algunas cosas que muchos nos niegan. Nacer bien no significa sólo saber a ciencia cierta quién es nuestro padre y nuestra madre, sino recordar a quienes a lo largo de nuestra existencia se han comportado con nosotros como nosotros siempre hubiéramos querido que se comportaran. Gloria Rambla es de esas figuras que viven en mi imaginación, una mujer con la que sueño de vez en cuando y en esos sueños vivo aventuras y conversaciones que parecen sacadas de la literatura más divertida y vital de los mejores escritores. Por eso le rindo hoy, que empieza un nuevo año para mí, un homenaje de memoria y lealtad. Tengo muchos amigos que me quieren así y a los que yo adoro desde que los conozco. En la vida, tener amigos es sustancial a la propia vida: yo los tengo. Por eso pienso que sí, que a mis años, y con amigos como Gloria Rambla, debo sentirse un privilegiado. Y así me siento.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *