Los tres libros de Zapatero

Los días de calor excesivo traen malas consecuencias: se quema el campo y se le prender fuego a las ideas. Hace unos días tuve una pesadilla de las que hacen época. Soñé, entre turbulencias y malestares varios, que una gran editorial española le había comprado los derechos de tres libros al ex-presidente del gobierno Rodríguez Zapatero. Zapatero, que se las dio de lector de Borges durante un tiempo (incluso le encargaron que prologara un libro del universal argentino, perdonen ustedes la redundancia, sobre todo los argentinos…), ahora quiere ser además escritor de tres libros que, en mi pesadilla veraniega y llena de calor, eran contratados por millones de euros. ¿Habremos llegado ya a ese contrasentido, podrá con esta pesadilla la prima de riesgo, entenderán los mercados, esos diablillos tan cojonudos, la gran operación editorial en ciernes.? No tengo nada contra quienes creen que los libros deben venderse. Tengo contra todo aquel que piense que los libros “sólo” deben editarse para venderse; tengo contra quienes, al margen de la locura de la literatura y del sentido común, entienden que el autor es la marca y que el mensaje del libro es lo de menos. Soñé en mi pesadilla que el primero de los libros que iba a publicar esa gran editorial firmado por Rodríguez Zapatero versaba sobre economía, otra vez los mercados, las ideas del dinero bien repartido y todo eso que hace que un hombre sea catalogado de justo o injusto. Estaba viendo en la pesadilla la escena de la firma de ese contrato y recuerdo que no entendía bien los planos y las secuencias con las que soñaba: no me cabía en la cabeza, llena de calor, que Zapatero se atreviera a escribir (o a hacer escribir y firmar) un libro de economía. Bueno, me dije al final, hay gente que habla de libros toda la semana sin apenas ojearlos, salen en la televisión y en la radio y dicen que tal o cual es el mejor escritor del mundo, como si los hubieran leído todos, y nadie les lleva la contraria. Al fin y al cabo, como me dijo mi barbero desde mi adolescencia, todo el mundo tiene derecho a su opinión y el voto de un obrero vale lo mismo que el de un intelectual en la democracia en la que creemos. ¿Por qué no va a haber aprendido Zapatero una cosa tan fácil como la economía, con la cantidad de economistas que hay en el mundo que todos los días dan en el clavo y anticipan las cartas buenas y las cartas malas? Me vi, entonces, en la primera pesadilla de este verano cantando como Camarón, de cuya muerte acaba de cumplirse veinte años: el caballo negro y blanco de la noche y el día, me dije cantando.
El segundo libro de Zapatero, según mi pesadilla veraniega, era sobre política. ¿Y qué sabe Zapatero de política?, me preguntaba entre sudores y ansiedades en medio de la noche llena de fantasmas? ¿Cómo va a saber de política si le las da de político y por político pasó durante más de diez años, y si contamos el tiempo que estuvo esperando en silencio que llegara su momento para destrozarnos a todos más de veinticinco años? Al fin y al cabo, reaccionario no, soy de aquellos que detestan que escriban libros los que no saben escribir libros ni tienen esa locura como profesión viciosa y vocacional. La política es lo mismo: es una parte de la pasión inútil que nos inunda y, en todo caso, Zapatero es de los que pueden enseñarnos, además de economía, cuanto sabe de política en un libro que bien podría ser de obligada lectura en los colegios del futuro.
El tercer libro que aparecía en mi sueño escrito por Zapatero era sobre sí mismo: sobre la nada ninguna, sobre la posibilidad de escribir trescientas páginas sin decir nada porque nada tiene que decir quien, como él, ya nos lo ha dicho todo y, sobre todo, quién es precisamente el que habla de sí mismo.
Pasé la noche temblando de pavor, porque si mi pesadilla tenía en algún caso un punto de realidad yo no tendría otro remedio que ver esos libros publicados y al menos ojearlos para hablar y escribir sobre ellos, en el caso de que mi locura vaya en aumento con o sin verano. “Algo de eso hay””, me dijo un experto en chistes editoriales -lo que algunos tontos más o menos desinformados llaman “garganta profunda”-, “parece que le han contratado tres libros”. “¡No me digas que uno de es de economía, otro político y otro sobre sí mismo!”, exclamé asombrado y lleno de pavor. Después, casi confirmado el sacrilegio editorial, me di cuenta de que la pesadilla no era tal: que otros ex-presidentes del gobierno habían convertido “sus experiencias” en libros de historia de inexcusable lectura. Echo de menos, eso sí, el libro de Felipe González sobre el GAL, el de Aznar sobre la guerra de Irak y el de Zapatero sobre cómo arruinar a un país entero y salir indemne para contarlo como si fuera un escritor millonario.

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