¿Dónde se detuvo la evolución?

Entre incertidumbres y ansiedades fabricamos un futuro lleno de parches: como si camináramos a trompicones. Ayer, viendo cómo el tráfico rodado cubría el asfalto de la ciudad de Madrid, todo parecía respirar con la normalidad de siempre. Sin embargo, nos advierten quienes mejor conocen nuestros miedos que lo peor no es el fango que estamos pisando entre las ruinas de nuestro bienestar pasado, sino lo que ha de llegar, esa suerte terrible de melancolía, un estado anímico de pobreza que nos hace recordar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Gente hay que ya vivió lo mejor de su vida y que jamás volverá a tener aquella situación que alcanzó con tanto esfuerzo. Ahora el sobresalto es lo lógico, cada segundo salta una bomba bancaria en cualquier lugar de nuestra geografía y aquel tiempo pasaos, tan lleno de añoranza, parece que fue mejor. Los medios informáticos, lo que llamamos el poder mediático, siguen creyendo que ellos y sólo ellos marcan la pauta de nuestro ritmo vital. Pasaron a creerse el primer poder cuando no eran sino el cuarto en muchas ocasiones y hoy no saben como enfrentarse ellos mismos a su propia ruina, a su evidente decadencia.
En estas épocas, sin embargo, nos conviene mucho apoyarnos en la memoria para recordar que hubo tiempos en los que la ruina fue peor que la que ahora cabalgamos como si fuera un tigre. Andamos, eso sí, llenos de problemas que parecen insolubles, asuntos que se van acumulando bajo los ojos de nuestra vergüenza y que, por pereza y desidia, dejamos en las manos de otros que no son mejores que nosotros. Pereza, desidia, comodidad: hasta aquí hemos llegado por eso mismo, por falta de interés, por pocas ganas de trabajar, por no esforzarnos nosotros mismos sobre lo que más nos convenía como especia. ¿Dónde, pues, se detuvo la evolución, en qué escultura de sal, en que imagen de santo, en qué delirio supersticioso?
Se supone que esta historia interminable que estamos viviendo, la mal llamada crisis, tendrá un día un final que pueda marcar un resurgimiento, aunque no sabemos cuándo ni de qué: sólo flotamos hoy hacia adelante, tratando de olvidar los malos sueños que nos rodean, las pesadillas de nos abrazan, los demonios y fantasma que obstaculizar la esperanza que es lo último que debemos perder. Y en estas circunstancias, vuelvo a preguntarme lo mismo: ¿dónde y por qué dislate se detuvo la evolución de la especia a la que pertenecemos?

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