Philip Roth, premio Príncipe de Asturias

Seguro que, a estas alturas, ya conocerán muchos de ustedes la gran noticia: el novelista norteamericano Philip Roth ha sido galardonado con el Príncipe de Asturias de Letras en la presente convocatoria. Tengo que decirles, como miembro de ese jurado que premió a Roth, creo que merecidamente, que hace ahora tres años, el novelista estuvo a punto de ganar el mismo premio con una gran cantidad de votos de los miembros del jurado. No pudo ser entonces y ahora se ha subsanado no un error aunque lo parezca, sino que sed ha hecho justicia y no precisamente tardía. Como lector de sus novelas, lo que más me llama la atención de Roth es la crudeza en el tratamiento de la trama, la estructura literario y su manejo magistral de los procedimientos narrativos más modernos. Creador de personajes que, según los críticos, son parte de él mismo, llamémosle tóxicamente sus alter ego literarios, Roth ha escrito las historias más crudas y sarcásticas, más dramáticas y trágicas que haya escrito en los últimos años ningún novelista norteamericano. Por eso, con razón lo juzgamos como un heredero de la mejor novela norteamericana del siglo XX, la que surgió en los años 30 de la mano de Hemingway, Faulkner, Steinbeck, Dos Passos, Fitzgerald y algunos otros de la misma envergadura. Por su propia obra literaria, nadie duda a estas alturas de que Philip Roth merece con creces el Premio Nobel de Literatura y hay quienes que estamos ante el mejor novelista del mundo en este momento. No me atrevería a asegurar tal cosa, porque no conozco ni he leído a todos los novelistas de ese mismo mundo, faltaría más, pero sí sé que volvería, y tal vez volveré, a leer muchas de las novelas que ya he leído, y con placer, escritas, por Philip Roth, desde “La mancha humana” hasta “Némesis”. Ahora se ha reactualizado, con motivo de ese premio Príncipe de Asturias, el nombre de un novelista que sigue escribiendo sin parar y que en plena actividad espera pacientemente, como hay que esperar estas cosas, que los académicos suecos recuerden a Roth como lo que es en estos momentos: un novelista de lujo para una literatura universal que, también en estos momentos, sufre los embates durásemos de las nuevas tecnológicas y de las culturas del entretenimiento, en todo caso banalidades del pensamiento y técnicas de adormecimiento de los ciudadanos del mundo entero, a quienes desde estas líneas casi intimistas sugiero que vuelvan sus ojos a algunas de las páginas de alguna novela de Roth. Estoy seguro que algunos, en su fuero interno de lectores, me lo agradecerán.

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