Del poder y la libertad

La fascinación, a veces, exasperante que los escritores y, en general, los intelectuales han sentido por el poder nos provoca siempre un rechazo de corazón que no deja lugar a dudas. El ejemplo de los intelectuales europeos, desde Sartre a otros menos conocidos, domeñados por el espejismo de la Revolución Cubana en los años 60 llega hasta hoy, cuando la llamada Revolución Cubana ya no es revolución y ni siquiera parece cubana; más bien el casticismo semeja un sistema de enjaulamiento montado por dos hermanos jesuitas cuyo único objetivo es el poder absoluto y el control único sobre las vivas, haciendas y voluntades de los ciudadanos. En pleno siglo XXI, todavía hay escritores, actores, músicos y gentes de todas las tribus creativas que adoran al becerro dorado del casticismo como creador de un mundo mesiánico donde la libertad brilla por el esplendor de su total ausencia.Una vez, tengo para mí que los hombres de dividen esencialmente en dos; los hombre de poder, que hace todo en la vida por obtener y tener poder, traicionando incluso sus propios principios, y los hombres de libertad, que cuanto hacen lo hacen libremente y casi siempre y en cada momento frente al poder. García Márquez, con ser tan gran escritor, no es más que un hombre de poder que ha rendido pleitesía a su amigo Fidel Castro amparándose precisamente en esa amistad; otros escritores, como el recientemente fallecido Carlos Fuentes estuvieron al mismo tiempo cerca y lejos del poder, pero no dejaron nunca de hacerle caricias a la bestia para que no lanzara sus zarpas sobre ellos; en cambio, hay escritores inconvenientes para el poder porque son libres y su voluntad es el único principio de sus vidas. Su voluntad y la libertad, no sólo de ellos sino de todos los demás.

Ahora ha vuelto a firmarse un documento contra la falta de libertades en Cuba, donde los Castro no tienen ya ninguna coartada moral que sostenga su falacia revolucionaria. Más ocupados en Venezuela que en Cuba, los Castro envejecen, envejece el sistema que crearon, envejece la libertad que dijeron defender al menos en la primera hora. Todo envejece y es como si no pasara el tiempo entre los hombres de poder. En cambio, entre los hombres de libertad florece cada vez más la incomodidad con la se que abren las latas del silencio; florece la inconveniencia, el escritor díscolo, incluso el francotirador, que cede en los matices pero nunca en lo sustancial: su libertad. Es decir, la libertad de todos.

zp8497586rq
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Del poder y la libertad

  1. A veces pienso si no serán las fintas “contra” el poder las únicas que valen la pena que un escritor ejecute. Quizá porque el poder del escritor es su libertad.
    ¡Saludos!

Los comentarios están cerrados.