La agonía del libro

Un año más llega a Madrid, en el Parque del Retiro, la Feria del Libro. Este año, en plena crisis, casi sin ánimo y con muy poco convencimiento, los editores y libreros plantan sus cabañas llenas de gloriaras mercancías, las mismas preciosidades de papel e imprenta que los profetas dicen que están a punto de desaparecer. Me cuentan de buena tinta que los editores están “aterrados”. Entre la misma crisis, la irrupción del libro electrónico en el mercado y el auge de las nuevas tecnologías y las empresas de entretenimientos, el libro y toda su industria editorial sobrevive a duras penas. Lejos están los tiempos de los poderosos editores, a los que casi siempre escritores muy pobres rendían pleitesía a cambio de una limosna que les permitiera ganar el tiempo suficiente para seguir dedicándose a su fibra ejemplar: el vicio de escribir. Lejos van quedando ya los tiempos de los grandes anticipos en derechos de autor, ahora sólo podemos conformados de nuevo, como e las temporadas de vacas flacas, con ve nuestros libros en los escaparates de las librerías durante una semana, lo que cuesta mantenerlos vivos en un espacio físico de centímetros que cada vez cuesta menos dinero.
El valor del libro de papel, pues, parece que se viene abajo. No se puede luchar contra el tiempo. Gutenberg fue un adelanto y las altas tecnologías han venido a reemplazaron. Ni piden permiso ni tienen formas. Han entrado en nuestras vidas como elefante herido en una cacharrería y suyo es el reino del ruido y la furia. A nosotros, los escritores, nos queda como siempre tocar el violín lo mejor posible, mientras el Titanic, poderoso asombro de la Historia del hombre, el gran invento de la prensa, el. Papel y el libro, entonan un canto fúnebre que es el preludio a su muerte. Los agoreros dicen que esa muerte ya se ha producido, pero que no nos damos cuenta del todo porque convivimos aparentemente en paz. Es posible que así sea. La prueba: preguntar a cualquier editor en esta Feria del Libro de Madrid es sacar una única conclusión. Los editores están “aterrados” porque la que está cayendo sobre ellos y sobre nosotros, sobre todos, es de tal dimensión que ya estamos en el camión de un tiempo que todavía no sabemos si será mejor. La gente joven dice que sí. Yo en París, viejo pero no anciano, observo la vitalidad de a siempre Ciudad Luz, que dijeron que había muerto hace unos años. Y pienso que el terror de los editores tiene un cierto, pero que el miedo a la muerte adelanta esa terrible circunstancia.

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Una respuesta a La agonía del libro

  1. yoye dijo:

    usted tiene razon pero un libro en papel no morira hjamás y puede estar seguro de eso

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