Los miedos cotidianos

Los medio de información se van vuelto heraldos del miedo en medio de la crisis económica europea. Pero mucho más evidente que esa crisis económica, que de una u otra manera nos envuelve a todos, es la crisis de los propios medios informativos, sin los que la democracia, hay que recordarlos siempre, no es más que papel mojado. Y si hablamos de papel, ¿qué decir de esa crisis? Hay voces, incluso dentro del gran empresariado mediático, que no ven salida a los periódicos, que han sido un soporte de papel con cimientos de hierro en el crecimiento de las democracias. Ahora, todos, incluso los poderosos de los medios informativos, tenemos los pies de barro, somos más pobres, menos ricos por tanto, más humildes a nuestro pesar y, por tanto, menos prepotentes de ,o que hemos sido durante los años de la juerga, la jarana y la fiesta interminables.
Acusar a los mensajeros de las malas noticias es un mal síntoma democrático, pero que los mensajeros -los medios informativos- no nos den más que malas noticias, sin ni siquiera atenuar sus efectos, es todavía peor síntoma que el anterior. Es verdad que hay una verdad vergonzosa en el periodismo escrito: que las buenas noticias no venden un periódico, y que son las malas noticias las que hacen de un medio informativo una empresa poderosa, influyente y hasta temida. Todos tenemos ejemplos a manos para saber que cuanto decimos es objetivamente cierto, pero la crisis, ya lo decíamos hace unas horas, pone a cada uno en su lugar aunque la injusticia de la misma crisis caiga siempre sobre los más débiles.

Hay quien habla ya, en las redes sociales sobre todo, de “los miedos de información masivos”, una irónica verdad por medio de la que se nos inyecta un pavor cotidiano a cuanto hacemos o dejemos de hacer. si trabajamos, podemos perder el trabajo; si ya lo hemos perdido, no podremos jamás recuperarlo; no estamos en el paro, lo peor que puede sucederte es que de repente te enfermes de los nervios o de ese otro mal psicosomático que es la depresión y el trastorno obsesivo compulsivo, que afecta ya a casi el veinte por ciento de la población.
De paso, los medios tampoco nos dicen hacia dónde vamos, qué destino nos espera en los próximos años y cuál va a ser nuestra inminente caída. Conviene de vez en cuando, y en los peores momentos, tomarse con un poco de relativismo cuanta mala noticia nos viene servida por los medios todos los días. Y levantar un poco el ánimo. Es justo, necesario y gratificante.

zp8497586rq
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.