Nueva York, ciudad de cristal

Llevaba tiempo sin venir a Nueva York, una ciudad que sobrevive impertérrita al paso del tiempo, una ciudad que parece caminar por los años con la fluidez del aire, una ciudad donde la marabú ta humana se encuentra en sus calles y plazas como en el cielo. Aunque, claro, no todo el monte es orgasmo. Como en la Roma del Imperio, aquí está la capital del mundo todavía, y en ella puede encontrarse lo peor y lo mejor de este mundo, el cielo y el infierno en una misma esquina. Ahora se celebra, en medio de crisis mundiales, la subasta primaveral de arte de Nueva York. No crean que vine a comprar ninguna obra de arte ni mucho menos. También, entre otros acontecimientos culturales, se está celebrando un foto internacional de escritores, al que tampoco vine, organizado por el Pen Club, la vieja institución civil que vela por los derechos humanos de los escritores en todo el mundo. Hubo un momento en que pensamos que el Pen Club sobraba y que ya los derechos humanos y, sobre todo, la libertad de expresión, ya estaban conquistados y no merecía la pena seguir una lucha en la que se había triunfado. Pero no fue así, los derechos humanos en todas las partes del mundo siguen amenazados, y la libertad de expresión es una lucha constante para que la censura de los poderes terrenales no sigan nunca el camino del totalitarismo. Vine a Nueva York a hablar de Francisco de Miranda en el Instituto Cervantes, cosa que haré mañana la tarde, cuando las horas amarillas lleguen de nuevo a esta ciudad que nunca se descompone. Mi deseo inmediato es vivir aquí una temporada, aunque no sé si ese sueño podrá cumplirse alguna vez. Una temporada no es más de seis meses, pero seis meses escribiendo en Nueva York es uno de mis sueños incumplidos, o todavía por cumplir. Ahora saldré a la calle a respirar ruido y gente, a encontrarme con la vida que en alguna ocasión me habría gustado vivir a aquí. Paul Auster está, junto a Fernando Savater, en ese congreso del Pen y es posible que me dé una vuelta pa escuchar su voz, la misma que he leído en muchos de sus libros, la misma que ahora releo en “La ciudad de cristal”, tan fresca y viva como la ciudad y la gente que la inspiró.

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2 respuestas a Nueva York, ciudad de cristal

  1. ¡Vuelve Miranda a Nueva York!
    ¡Saludos a Hamilton y a Jefferson!

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