El viajero

En un reciente artículo de prensa, el escritor Muñoz Molina reflexionaba sobre las características de los seres humanos. Decía, en fin, que unos nacemos deudores y otros acreedores. No discutiré la discutible afirmación de muñoz Molina, pero pondré mi granito de arena en esas características. Aunque parezca que a todo el mundo le gusta viajar, el ser humano, a mi entender, tiene otra división: el viajero y el estático. El viajero no pierde comba ni ocasión, cualquier momento es bueno para viajar y cualquier geografía valle la pena. El estático tiene el gen de la pereza, que lo salva del deseo y la ansiedad del viaje, un asunto que cree antiguo como el mundo y que no pertenece a sus pasiones. Sueña poco y vive mucho, es su lema. Por el contrario, el lema del viajero, es soñar mucho, viajar mucho y vivir mucho más. No importan las dificultades ni los problemas que surjan durante el viaje. El viajero no hace turismo, o hace poco turismo; para él, el viaje significa curiosidad intelectual, todo lo pregunta, todo lo quiere ver, tocar, sentir, hasta el abismo pero sabiendo que no puede ir un centímetro más allá.
Yo soy viajero, aunque no me gustan ya mucho los riesgos y viajo a geografías que puedan servirme para escribir lo que veré durante ese tránsito querido. Tengo para mí que mi agenda es la de un privilegiado que viaja casi siempre donde quiere y que regresa de ese lugar siempre satisfecho de cuanto ha visto y con ganas renovadas de volver. Nunca me canso de viajar y de conocer culturas que sólo he visto en las literaturas y lectura de todos estos años míos. Pero me gusta sobre todo el conocimiento de la gente, observar la gente de cada lugar, ver cómo se mueven, como resisten, como resuelven la vida difícil que les ha tocado vivir.

Ahora estoy de nuevo en Manhattan, una isla inabarcable llena de vida y rodeada de vida paralela por todos lados. Me hubiera gustado nacer y vivir en Manhattan. Aunque fuera una temporada, vivir en Manhatthan (un año, por ejemplo) sería una experiencia única e irrepetible, y un excelente momento de la memoria que hoy podría exhibir de haber llevado a cabo esa experiencia. No desisto, aunque me vaya quedando menos tiempo en esta tierra. El viajero sueña con frecuencia que no es de ningún lugar exacto, sino que es de todos aquellos sitios que abraza con la ilusión de que son suyos. Y Manhattan es otra vez toda mía. Una gloria.

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