En la terraza del Gijón

Los lunes, en la terraza del Gijón, nos reunimos en tertulia la logia miradita de Madrid. Ernesto Pérez Zúñiga trae su libro “El juego del mono” (Alianza Editorial, 2011) e Ignacio del Valle su novela más reciente, “Busca mi rostro” (Plaza y Janés, 2012); Jorge Eduardo Benavides habla de su relato, “Un asunto sentimental”, a punto de aparecer, donde en algunas páginas se enumeran ciertos defectos de nosotros mismos, con nombres y apellidos. Yo hablo, en lo que puedo, de mi imposible “Ulises”, cuento entera la novela de la que no tengo más que unas páginas y unas ideas volanderas, pero la cuento entera, la novela. El relato es intemporal sobrevuela por los siglos, con entradas en la Historia con mayúscula y en la leyenda, pero aún no me comprometí con la historia con minúscula, la que tengo que escribir, ya veremos cómo evoluciona el enfermo. Juan Carlos Chirinos nos sorprende con el relato de su novela próxima, basada en la vida del escritor venezolano Rufino Blanco Fombona, él mismo un legendario personaje de novela. Blanco Fombona tuvo en París y en una sola de hora de un solo día tres duelos; uno a las siete y media de la mañana: su adversario se retiró herido de muerte. Otro duelo fue a las ocho de la mañana y Blanco Fombona mató a su enemigo. El tercer adversario, citado a las ocho y media de esa misma mañana y enterado de los sucesos inmediatamente anteriores, no se presentó. Hizo bien. En otra ocasión, también en París, Fombona estaba hablando con Rubén Darío en un guachinche poético. Los do estaban cargados de alcohol y levantaban la voz. En un momento determinado, Fombona se levantó, agarró al poeta por la solapa, le dio un puñetazo terrible y lo sacó de golpe por la ventana. No contento con eso, salió a rematar al poeta. En el último momento se contuvo y le gritó, con mucho tino: “¡No te mato, porque eres un gran poeta!”. Pepe Esteban cuenta que Cansinos Assens habla de Rufino Blanco Fombona en términos despreciativos: “Ya viene ahí Blanco Fombona, pidiendo firmas para ganarse el Premio Nobel”, escribió en la novela de su vida. Tremendo tipo Blanco Fombona. Quiso sacar la Armada española de Canarias para invadir la Venezuela de Juan Vicente Gómez, Venezuela de la que estaba exiliado, y estuvo a punto de conseguirlo. José Esteban nos habla una vez más de sus memorias, que no dejan títere con cabeza y ponen a cada uno en su lugar, como si fuera el dios del tiempo. Yo hablo de ese pobre poeta, que traicionó a todo el mundo a lo largo de su vida y, ahora, en el umbral de sus ochenta años sale a la palestra pública a pedir que le den limosna justa para acabar el mes. Lo único que hizo en su vida fue escribir una poesía más o menos media y andar de bolos gubernativos e institucionales. Anduvo en la fiesta, celebrando su propia gloria de un cuarto de hora y, finalmente, frágil y enfermo de la cabeza, se enfrenta a su crónica indigencia. Bien que lo siento, pero el tiempo y la vida son dos elementos implacables con los que hay que contar a toda hora. Sobre los amigos y enemigos discutimos a veces en la logia miradista de los lunes: yo digo lo de Miranda: con los enemigos se hacen las paces, a los traidores se les persigue hasta más allá de la tumba. “Y eso es lo que hago”, sostengo. Los traidores no son los enemigos. Con estos últimos se pueden tratar las diferencias; con los traidores no hay nada que tratar. Tuvieron en sus manos el afecto y lo tiraron por tierra y escupieron sobre la amistad. No hay que darles ni agua ni limosna, porque van a entender mal las cosas y dirán que eres frágil en lugar de educado y cortés.
También hablamos de cine y de pintura en la terraza del Gijón, y de política, de la que se fue y de la viene. Y de los últimos y patéticos episodios nacionales. Y, claro, de Galdós, siempre vivo. El pintor Boix anda metido en la mitología maya, ahora que se nos viene encima el fin del mundo y todos hablamos de que podemos perder la terraza en los próximos meses. ¿Cómo es posible que no se den cuenta que esa terraza y el Gijón entero son cultura viva de Madrid y de toda España, y traten este espacio como un lugar simplemente comercial? Tengo para mí que los políticos usan de la cultura como bombones de chocolate y pistacho, pero que en realidad nada les importa más que el poder, sin otra sensibilidad a tener en cuenta. Defender la terraza del Gijón es defender la cultura y la memoria de Madrid. Más de cien años nos contemplan ahora asustados porque el Ayuntamiento va a “vender” este espacio cultural a un tiburón insaciable: el famoso mercado, dios maldito con el que hay que acabar cuando antes, no sea que él, el gran cabrón mercantil, acabe con todos nosotros.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a En la terraza del Gijón

  1. ¡Cómo me gustaría tener el mismo talento de la escritura.

  2. Thanks so much for keeping the internet classy for a change. You’ve got style and class. I mean it. Please keep it up because without the internet is definitely lacking in intelligence.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *