"Las noches blancas"

Anoche estuve en un programa de televisión, titulado “Las noches blancas”, y dirigido y presentado por Fernando Sánchez-Dragó. Lo que menos me gusta de ir a la televisión es maquillarme y lo que más hablar de literatura, de libros y escritores. Es un contrasentido placentero que conversemos de literatura y lectura en un medio audiovisual que, normalmente, desprecia a escritores y otras gentes de tribus tan raras como la literatura. Hablamos sustancialmente de Ernest Hemingway, tan cercano a España y a Cuba, y tan lejano de los Estados Unidos. Hablamos de sus paranoias, claro, pero también nos preguntamos por qué el complejo de persecución. Porque siempre hay perseguidores, nos contestamos. Hablamos de su vida, de sus mujeres, de sus aventuras, del alcohol en el que se sumía por las tardes, de la escritura con la que se emborrachaba por las mañanas, del mar, de la pesca, de las cacerías en África, de cuando París era una fiesta, de la fiesta del toro. Hablamos de Hemingway más de una hora, sobre todo porque Hemingway no da sólo para un programa de televisión. Es una leyenda gigantesca que él supo fabricar dibujando con su vida el mejor de sus personajes: él mismo.
También hablamos de nuestras lecturas de Hemingway, del sexo explícito. Dijimos que no había escenas de sexo en las novelas de Hemingway y que eso podría tener una interpretación freudiana. Ya sea por Freud, ya sea por Fromm, ¿quién no tiene una interpretación, qué gigante no es gigante tras haber crecido desde la enanez colectiva en la que se nace?

El caso es que seguimos hablando de Hemingway, seguimos editándolo y, al mismo tiempo, leyéndolo después de más de medio siglo de su suicidio. También, pues, hablamos de su suicidio, de su interpretación y preocupación por la muerte, señalada en sus relatos y novelas, y de su obsesión por la vida. Hemingway ha sido tildado de todo, desde machista y borracho a mujeriego e incluso sexualmente ambiguo. Esa es su leyenda. ¿Quién mató a Ernest Hemingway? Tengo para mí que él se hizo un personaje tan gigantesco que llegó un momento en que no soportaba que los demás no soportaran su propio pese o y acabó por no soportarse a sí mismo. Pero antes dejó atrás un reguero de escritura y un prototipo de escritor que se suma a la eternidad de otros escritores del mismo calibre, las mismas leyendas, las mismas obras y la misma escritura que salva la literatura por encima del tiempo y de los siglos.

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3 respuestas a "Las noches blancas"

  1. outsourcer dijo:

    Hola, que un buen sitio

  2. Neil dijo:

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