Homenaje poético a Tomas Tranströmer

Ayer, a mediados de abril, llevamos a cabo el homenaje a Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura 2001. Fue en el Instituto Cervantes, en Madrid, y a pesar de competir a la misma hora con el fútbol europeo la gente a quien le sigue gustando la poesía no falló. Cien personas que valieron por mil, con su apoyo, su interés y su curiosidad poéticas. Habló primero Roberto Mascaró, poeta uruguayo y traductor de Tranströmer al español, que contó ciertas avatares de la traducción en Suecia y en España. Habló de Tranströmer con verdadera cercanía y puso el dedo en la llaga al decir que, hoy por hoy, en España no “permiten” a los traductores latinoamericanos introducir en sus trabajos las variantes de sus hechos de habla, que se distinguen en bastantes casos del español que se habla en la Península.
El gran puntal de la mesa era el poeta sueco Lasse Söderberg, a quien conozco desde hace casi cuarenta años y con quien, tras leer sus poemas, paseamos un día de verano, día y noche de claridad en Estocolmo, por las calles de una ciudad desierta, nórdica y bellísima, donde conceden y entregan el Nobel de Literatura todos los años. Söderberg posee, además, una gran elegancia y carisma para saber estar en el escenario y contar las cercanías y las complicidades de su vida con un estilo verdaderamente personal. Lo hizo anoche, en el Cervantes, al hablar de su amigo Tranströmer, ausente en lo físico en el merecido homenaje que le rindió la Cátedra Vargas Llosa, pero presente en espíritu y en memoria a través de su amigo Lasse Söderberg.
Con los tiempos que corren un acto poético como el de anoche es una osadía que hay que tener en cuenta. El desasosiego contemporáneo y lo que de, aquí en adelante, vamos a llamar “la civilización del espectáculo” no permiten una reflexión racional en lo que vivimos todos los días, no distinguimos con certidumbre lo que es sólo urgente de lo verdaderamente importante y casi nunca nos damos cuenta de que hay sensaciones musicales en cada paso que damos, sensaciones que se transforman, a poco que hagamos ese mínimo esfuerzo para trascender del simple aplauso, en sentimientos íntimos que nos inyectan vida y cierta armonía en medio del terremoto al que estamos obligados a vivir y en que estamos irremisiblemente inmersos. Al final del acto, el gran poeta español Jaime Siles leyó en nuestra lengua algunos de los muchos poemas insoslayables de Tomas Tranströmer que, según su editor español de Nórdica Libros, Diego Moreno, nos visitará en Madrid durante el próximo otoño. Hasta entonces, seguiremos leyéndolo con sentimiento y curiosidad, como corresponde leer a uno de los mejores poetas del mundo en estos tiempos convulsos.

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3 respuestas a Homenaje poético a Tomas Tranströmer

  1. teresa dijo:

    No tengo ninguna credencial a no ser que como Vargas Llosa nací un 28 de marzo y que cada quince días le leo a usted religiosamente en el cultural y aprendo. Mi comentario es más la expresión de un deseo: creo que está a punto de concederse el Premio Cervantes de Literatura y quiero recomendar, sí he dicho recomendar, a Ernesto Cardenal, porque aparte de un revolucionario un poco a la violeta -ahora que se está tan de vuelta de todo-es un grandísimo poeta y un ser generoso como se ve en el prólogo que hizo sobre Pound, en Visor. Y ya es muy mayor, y se lo debemos hasta los que no somos nada revolucionarios, porque somos ideológicamente mestizos
    ¿Usted podría hacer algo? Difundirlo al menos?

  2. teresa dijo:

    No había visto el tema de su artículo hasta ahora , y quiero decir que a mí también me gusta Traströmer, mucho y me parece de mucho interés la queja que trasmite de los traductores hispanoamericanos, como si en algún lugar se hablara el mejor español del mundo ¿qué nos habremos creído?, me despido de verdad

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