La Cumbre de Cartagena de Indias

Las llamadas Cumbres de las Américas, organizadas por la OEA, y las que organizan los países iberoamericanos, no gozan en estos momentos de gran credibilidad y dan, al exterior, la sensación de muy poca confianza entre sus socios. Demasiados conflictos domésticos, demasiadas opiniones dispares, poco sentido común, intereses encontrados, manías personales de los presidentes, caudillismos exagerados, prepotencia de uno u otro país en un momento determinado; todo tipo de distancias y, en fin, desencuentros, marcan las determinaciones finales de tales cumbres y reuniones dejando siempre para mejor ocasión una cuerdo total sobre incluso majaderías que no conducen sino a discutir sobre muchas cosas absurdas que no interesas a los pueblos que representan esos mandatarios.
Hay quienes piensan que lo mejor para estas cumbres sería su desaparición, que no se celebraran más y que cada uno corriera en la vida la aventura nacional que le dé la gana. Puede ser una solución mala, peor ese remedio de liquidar las cumbres que el hecho de que no sirvan para nada más que para que los mandatarios se sonrían o se miran de lado, se quieran delante de todo el mundo o se delante como enemigos de los demás ante un público mayoritario. En la de Cartagena han sonado las primeras trompetas de una conciencia controvertida: la hipotética discusión sobre la legalización universal de las drogas, un negocio que mata a los pobres y engorda cada vez más a los ricos. Un negocio clandestino que, como la “ley seca”, se mantiene en alza gracias al blanqueo del dinero y el crimen organizado que vuelve dinero blanco el polvo blanco de la muerte.
Otro asunto de todos los años: la ausencia o presencia de Cuba. Cuba es, siempre, un motivo de discusión pasional, porque Cuba, más allá de todo raciocinio, es una pasión para una parte y su contrario. Por eso no desaparece del mapa de los debates, sino que se ha transformado en un debate constante y en el debate mismo de América Latina. Hay quienes piensan que con esta Cuba de los Castro no se puede ir a ningún lado y quienes, por contrario, responsabilizan al Imperio de los Estados Unidos, o lo que queda de él, de la desunión existente entre unos países que deberían demostrar mucho más una hermandad por la que dicen luchar desde hace siglos.
Tengo para mí que con buena voluntad política muchos de esos problemas se resolverían. Con voluntad política y con sentido común, dos cosas poco comunes y que no veo por ninguna parte entre la mayoría de los mandatarios, presidente y Jefes de Estado de América Latina.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La Cumbre de Cartagena de Indias

  1. movilnet dijo:

    Tu pagina es muy util. Gracias por publicar tus ideas. Son bien refrescantes

  2. Otro asunto de todos los años: la ausencia o presencia de Cuba. Cuba es, siempre, un motivo de discusión pasional, porque Cuba, más allá de todo raciocinio, es una pasión para una parte y su contrario.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *