La noche y el sueño

En el Museo Larco Herrera, en Lima, hay unos huacos eróticos en los que las mujeres hacen el amor violentamente con los fantasmas de sus maridos, me dijo el escritor Alonso Cueto hace un par de días. Desde entonces, estoy buscando un tiempo libre para ir a ver el Museo Larco-Herrera y descubrir a las mujeres de los huacos en posturas violentas que despiertan la líbido de cualquiera de los observadores de esas piezas preciosas.
Hace algunos años, me dio la curiosa manía de coleccionar huacos eróticos, naturalmente copias de aquellos originales a los que se refirió Alonso Cueto y a veces he escrito, a partir de la visión de algunas figuras de esos huacos relatos que nunca han sido publicados y que ahora todavía pienso que no son para publicarlos. Tal es su violencia erótica y verbal.
Una vez, en Khajurado, en el centro de la India, visité más de treinta y dos templos indios donde se rendía tributo al mundo erótico de los humanos, sin tasa ni censura alguna. Era un paraíso de la libertad, desde el amor entre hombre y mujer, al amor doblemente homosexual, y hasta el bestializo tenía su lugar en el arte eterno de aquellos templos.
Ni que decir tengo que, durante mugas noches en mis sueños aparecen fantasmas eróticos, imágenes o juegos del amor que me entretienen horas y horas de las que tengo memoria después pero muy poca conciencia. Anoche, llevado por las imágenes de los huacos eróticos, hice el amor desenfrenadamente en un sueño limeño con una profesora de literatura de mis últimos años de bachillerato. Ahora, tras largos años de olvido, he descubierto que en aquellos años tal vez la amé pasionalmente y en secreto, incluso para mí mismo, hasta hace unas horas, que me he deleitado recordando el sueño de anoche.

Hay quienes nos conformamos, a esta edad que ya es provecta, con los recuerdos de antaño convertidos ahora en sueños que actualizan aquella edad adolescente e irresponsable donde parecía que todo era posible. Todo se queda ahí, en un sueño, pero en un sueño tan profundo y vívido que es exactamente com si lo hubiera vivido de verdad. Por eso en cuanto acabe de escribir esta nota de la noche y el sueño de ayer me pasaré la mañana del domingo limeño hurgando verbalmente en el recuerdo de aquella profesora tan joven que parecía una adolescente de nuestra edad. Y para colmo nos enseñó mucho de cuanto hoy nos gusta: la literatura.

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Una respuesta a La noche y el sueño

  1. Hace algunos años, me dio la curiosa manía de coleccionar huacos eróticos, naturalmente copias de aquellos originales a los que se refirió Alonso Cueto y a veces he escrito, a partir de la visión de algunas figuras de esos huacos relatos que nunca han sido publicados y que ahora todavía pienso que no son para publicarlos. Tal es su violencia erótica y verbal.

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