En Lima, con algunos amigos

Llegar a Lima, Perú, y encontrarme con mis amigos peruanos, casi todos escritores, es una gran satisfacción. Cenar lomo saltado, con buenos vinos, buenos conversadores y gentes leales es un regalo de la vida en una ciudad que crece a toda velocidad gracias al boom de la construcción. Hablamos de nuestros países, de España, de donde yo llegué, y de Perú, donde ellos viven. Siempre dije que mis viajes los hacía sustancialmente por razones literarias y esta vez no me salí tampoco de la norma. Me trajo hasta aquí un trámite importantísimo para la creación de la Cátedra Vargas Llosa en el Perú. Por eso tendremos una reunión muy relevante con los rectores de las principales universidades peruanas, que han atenido nuestra invitación para informadora del proyecto. Sabemos que la Cátedra Vargas Llosa estaría mocha sin América, porque nació como un proyecto americano y debe desarrollarse fundamentalmente como tal, si queremos sobrevivir en el momento en que la cultural, incluso la cultura académica para por una crisis feroz.

Todo eso lo conté a mis amigos, Alonso Cueto, el anfitrión, Fernando Ampuero e Iván Thays, de quienes hay que elogiar no sólo sus novelas sino sus muy buenos artículos. Los escritores, que somos al fin gente muy rara, tenemos sin embargo una despensa de lealtades y afectos a manos llenas, que muchas veces se ve traicionada. Por eso la respuesta más que verbal es terriblemente sentimental. Por eso en la literatura se valora tanto la lealtad, porque -como en la vida misma- lo fácil es la traición cotidiana. Brindar en la noche limeña, recién llegados al Perú con estos amigos es un episodios tan gratificante que nos retrotrae al momento en que empezábamos a ser los escritores que cada uno de nosotros es ahora. Fernando Ampuero tiene todavía, pasados sus sesenta años, ganas de nuevos proyectos literarios. Es un escritor cargado de vitalidad y de humor y estar con el aunque sea un rato nos hace cargar las pilas de esparzan. A Iván Thays lo conozco mas por sus novelas y artículos que personalmente, aunque las veces que estuve con él la cordialidad se instaló en nuestra conversación con una facilidad cómplice.
De manera que estoy recién llegado a Lima. Un solajero impenitente preside todas las mañanas de cada día la vida de esta ciudad bulliciosa que tuvo tiempos mejores y los tuvo también mucho peores. Salazar Bondy, con sorna, amor y humor, la llamó Lima, la horrible. A mí, sin embargo, todo me parece perfecto, menos el tráfico de la ciudad que es verdaderamente horrible

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Una respuesta a En Lima, con algunos amigos

  1. Hablamos de nuestros países, de España, de donde yo llegué, y de Perú, donde ellos viven. Siempre dije que mis viajes los hacía sustancialmente por razones literarias y esta vez no me salí tampoco de la norma. Me trajo hasta aquí un trámite importantísimo para la creación de la Cátedra Vargas Llosa en el Perú.

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