Japón

Tal vez los japoneses no sean perfectos, pero a veces dan lecciones al mundo que deberíamos tener en cuenta. El tsunami y el terremoto del 11 de marzo de 2011 es uno de esos episodios que claman al cielo. Una desgracia que sumió al país en la tristeza más grande del un universo. Pero, al día siguiente del terrible suceso, los japoneses, entre el dolor y la ansiedad por los seres perdidos, se levantaron a trabajar como todos los días, y a levantar el país como cualquier día del año. Así superan los japoneses las desgracias: agarrándolas por el cuello y sometiéndolas a su propio esfuerzo mental y físico.
En octubre pasado, la Fundación Príncipe de Asturias premió a los bomberos que entraron los primeros en la central nuclear de Fukushima después del estallido. Eran y son unos héroes, la punta de lanza de un país que cada vez que sufre una desgracia se levanta de las cenizas sin dar tiempo a que el desastre les coma el alma. Yo estaba en el Teatro Campoamor de Oviedo cuando le entregaron el premio Príncipe de Asturias a aquellos héroes japoneses. en su educación y su marcialidad eran especímenes normales, corrientes. Pero eran los japoneses que dieron el primer ejemplo a su país para empezar a caminar de nuevo.

El año pasado, en el mes de junio, tres meses después del terremoto y el tsunami que mató a miles de personas, estuve en Tokyo y en Kyoto. Fui, como casi siempre en mis viajes, por razones literarias. Y puedo testificar la dignidad cotidiana de las gentes de esas ciudades, como las de todo el país, que seguía normalmente el curso de su existencia sin mirar atrás más que con la compasión por todo cuanto habían perdido.
Debo confesar que hace años rechazaba esa forma a veces excesivamente marcial de vivir que tienen los japoneses. Ahora no sólo no lo rechazo, sino que he pasado directamente a la admiración al reflexionar sobre los sufrimientos históricos de este país tan grande en extensión y gente como grande en alma y estado de ánimo.
He estado dos veces en Japón y puedo dar fe de sus imperfecciones. Pero también del carácter esforzado y voluntarioso, inteligente y tenaz del pueblo japonés. Tendríamos en Occidente, y en otras partes del mundo, que aprender algunas cosas de los japoneses. No todas, desde luego, pero muchas de las cosas de la vida cotidiana. Entre ellas, la esperanza alta con la que se enfrentan todos los días a un destino que, como para todos nosotros, siempre está en el aire.

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Una respuesta a Japón

  1. En octubre pasado, la Fundación Príncipe de Asturias premió a los bomberos que entraron los primeros en la central nuclear de Fukushima después del estallido. Eran y son unos héroes, la punta de lanza de un país que cada vez que sufre una desgracia se levanta de las cenizas sin dar tiempo a que el desastre les coma el alma. Yo estaba en el Teatro Campoamor de Oviedo cuando le entregaron el premio Príncipe de Asturias a aquellos héroes japoneses. en su educación y su marcialidad eran especímenes normales, corrientes.

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