El disparatado sexo de la lengua

Un artículo del académico de la Lengua Dr. Bosque ha provocado una estampida de declaraciones (y conclusiones) sobre el sexismo de la lengua española. Des unos años a esta parte, el feminismo más radical y militante “asalta” sin ninguna compasión los usos de la lengua, el hecho de habla de la gente, porque utilizamos mucho más los masculinos que los femeninos, además de utilizar los femeninos con una cierta displicencia, indicativo de un desprecio (dice el feminismo) insoportable. Puede ser que la lengua sea, por contra femenina. Que nunca podamos decir “el lengua”, salvo que estemos dándole apodo a un hablador desmedido. Puede ser que no hayamos caído en la cuenta de que, tal vez, usamos en exceso, el género masculino al hablar y escribir, pero así es la lengua: cambia de sexo cuando le da la gana a los y las hablantes (y no voy a decir lo que no quiero, no puedo y no debo: hablantes y hablantes). Si lo que las militantes del feminismo más rancio quieren es doblegar el uso de la lengua, que comiencen a sacar el látigo del que se quejan tras siglos de sometimiento. Si lo que se pretende es racionalizar el uso del masculino y del femenino, en el hecho de habla y en el hecho académico de lengua, nunca podrá hacerse, lo digo quien lo diga, con decretos políticos ni con salidas de tono que no conducen sino a la reducción al absurdo.

Se trataría, pues, de dejar que la lengua camine por su propio camino. Ni los puristas del lenguaje tienen siempre razón cuando buscan limpiar la lengua española y regirla como si no la hablaban sino ellos, ni los y las amateurs de la lengua, normalmente bichadas por el virus de la ideología (que las y los ciega y vuelve locos y locas, por seguir con las estupideces, y termina en el camino de la nada. La lengua es un hecho real en manos de los millones de hablantes que la usan según su instinto y sus costumbre, hasta el punto de que una mala costumbre, con el uso de años y la costumbre del uso, se convierte en norma, ley o regla de esa misma lengua. Otra cosa es tratar de imponer el decreto político en un episodio tan relevante e importante como el discurso cotidiano de la lengua. ¿Cuándo esmeró este disparate? ¿Cómo terminará. ¿Es esta una batalla con sentido común o estamos metidos, en los tiempos que corren en laberintos que no conducen a ninguna parte?

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Una respuesta a El disparatado sexo de la lengua

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