Hablar hoy en latín

En el blog de mi amigo el escritor González Déniz (Bardinia) se hace hoy una glosa graciosa y gloriosa con los juegos lingüísticos del español contemporáneo, una lengua universal. Argumenta González Déniz, siempre animus iocandi, que tal vez tengamos todos que volverá hablar latín para unificar nuestra (¿o nuestro?) habla. Cada uno en este mundo del español habla como quiere. Y, en efecto, hay maestros del hecho de lengua y maestros en el hecho de habla, aunque creo que entrar en ese juego es complicar las cosas. Si se trata de entendernos, aunque cada uno usa su propio idiolecto, digamos que nos entendemos. Incluso creemos que entendemos el portugués de Brasil, el brasileiro, si nos lo hablan despacio. Lo que sucede es que los brasileños lo hablan cada más rápido y nosotros, los que hablamos español, lo entendemos cada vez menos. Ellos, que estudian español como segunda lengua, nos entienden cada vez más, pero no era esa la cuestión de la broma, sino la hipótesis, tengo para mí que imposible, de volver todos a hablar latín. En un Congreso de la Lengua (española, aunque a algunos les moleste es española) que tuvo lugar en Salamanca hace algunos años, el novelista mexicano ya fallecido Juan Rulfo recomendó como primera premisa para estar todos de acuerdo volver todos también a hablar latín. Rulfo era mexicano, como todo el mundo sabe, incluso su paisano Cantinflas, al que también cita González Déniz en su glosa de hoy refiriéndose al lenguaje de los políticos (hablan mucho y no dicen nada, y aunque digan no se les entiende), pero también era antropólogo, de modo que algo de lengua sabía y cuando dijo lo del latín no sólo sabía lo que estaba diciendo sino sabía también que estaba diciendo una broma. Una broma se dice o se hace. Hacer una broma sería volver a hablar latín, decir que hay que volver al latín es sólo decir una broma. Pero es una broma para reflexionar, dados los criterios que tantos expertos (que no siempre lo son) utilizan para elevarse desde su pobreza intelectual a la más absoluta miseria académica, por hacer otra broma más con Groucho Marx, autoridad lingüística (y bromística, perdón por el palabro) que nos ha legado su propio lengua -un idioma completo- para nos partamos de la risa con sus propios juegos lingüísticos y semánticos. Como Cabrera Infante en nuestra lengua, inventando un habanero que nunca antes había sido usado en literatura y tampoco ha podido ser imitado después. Lo dicho: volver al latín es una hipótesis para reflexionar, aunque -dicho en broma- no mucho.

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