Los hombres, las ideas y los odios

Siempre me ha divertido la idea de muchos escritores mediocres: se dan tanta importancia que creen que los demás los odian. Siempre pensé que odiar a las personas era propio de una categoría inferior, porque lo que realmente creo que hay que odiar de verdad son las ideas detestables que encarnan en mediocres. La ideología nazi, por ejemplo, no es invento de un hombre, el famoso Adolfo Hitler, sino de muchos hombres que ven encarnaras en él, en el mismo Adolfo Hitler, todas las ideas asesinas con las que han soñado a lo largo de su vida. Odiar a las personas me ha parecido siempre una enfermedad moral que dice muy poco de quien la sufre. A las personas se les puede detestar, puede que incluso no debamos darles importancia, por lo menos a un determinado grupo desgraciadamente no poco extenso, pero no hay por qué odiarías, aunque en ellas encarnan aquellas o estas ideas detestables.
El otro día un amigo pintor me dijo que se había encontrado con un escritor que no tengo muy en cuenta como tal. Me dijo que el el escritor le dijo que yo lo odiaba, cuando en realidad lo único que hago es, en efecto, hacer lo que les acabo de contar: no tenerlo en cuenta. Me parece, él y su escritura poco literaria (hecha para vender; se vanagloria e haber vendido más de veinticinco millones de ejemplares de todas sus novelas), un dechado de errores. Defectos que no hay tener en cuenta más que para incluirlo en el canon de los detestables, y de los desechables como escritores. Luego están los que parecen buena gente y no hacen mas que acechar un despiste para comete la fechoría (la felonía). Pero qué le vemos a hacer, no a todo el mundo le caemos bien tampoco nosotros y así es como tiene que ser. Si le cayéramos simpáticos a todo el mundo seríamos sospechosos de lo mismo que criticamos, esa maldad que se llama hipocresía y que hace que la mentira se convierta en un arma de combate de primera magnitud.
Los hombres nos equivocamos odiando a los hombres. Son, pues, las ideas, esos gérmenes que parecen siempre buenos y que resultan, en la mayoría de los casos, virus mortales para la inmensa mayoría de los seres humanos, desde la enfermedad del absolutismo a la del autoritarismo.

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2 respuestas a Los hombres, las ideas y los odios

  1. Tapha dijo:

    Gracias por tu interesante xfleerif3n.Pienso que la mayor parte de ledneas rojas que sef1alas son las que se cruzan y esto me deja perplejo y triste. Normalmente las ledneas rojas que se cruzan, las que mas se cruzan, son las concernientes a la gente sencilla, la de los que son preferidos en el reino de Dios pero no en la cruda realidad que vivimos. P.e., si es prioritaria la vida a la propiedad el mundo esta del reve9s. Si ponemos calificativos todaveda peor: es prioritaria una vida digna a una propiedad de rapif1a.Vemos que con la justificacif3n de representacion democre1tica el mundo esta del reve9s. Sin duda los valores de la sociedad democre1tica actual tienen muchas discordancias con los valores e9ticos y concretamente evange9licos. Y no digamos las realidades. Decir esto no es atacar el sistema democre1tico, es empef1arse en que se profundice en el y en no hacer de unos representantes mas bien de si mismos unos unos dioses propios de la idolatreda esclavizante. Podemos delegar, pero nuestra propia conciencia es indelegable Por mas que tendamos a dormirnos en los comodos laureles del solo votar y luego despreocuparnos. Democracia no es solo votar cada cuatro af1os, si ased fuese estaredamos como estamos (perdf3n por el juego sinte1ctico, a veces para decir las cosas hay que valerse de la grame1tica y no someterse a ella )

  2. Pingback: Wet Basement toronto

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