Traidores a la patria

Hay un poema muy conocido del mexicano José Emilio Pacheco titulado “Traidor a la patria”. Está escrtraidoresito en primera persona. Dice no amar a su patria, pero adora a su país y daría la vida por cuatro cosas que señala precisamente en el poema: algunos amigos, algunos paisajes, algunos recuerdos, algunos platillos de comer. Recuerdo este poema en vísperas de las elecciones autonómicas de Cataluña que los nacionalistas catalanes pretenden hacer pasar por plebiscitarias. Gato por liebre porque no me dejaron hacer lo que pretendía, fuera de la ley constitucional. Recuerdos de Barcelona, los míos: muchos. viví allí cinco años y tengo vivencias muy cercanas. Con respecto a los poetas y los traidores a la patria, también tengo recuerdos. No hace muchos años, cuando ya se está desarrollando este delirio colectivo del independentismo, me encontré con el gran novelista Juan Marsé, en una lado de la Plaza Macià, en una cafetería que antaño había sido uno de nuestros espacios preferidos de reunión. “No te importará que te vean con un traidor a la patria catalana”, me dijo con sorna el novelista catalán, precisamente catalán. Me reía de la ocurrencia; una ocurrencia festiva que estaba empezando a dejar de ser las dos cosas. Poco después, el gran escritor Javier Cercas escribió unos artículos en los tiempos que ya se veía venir esta locura independentista. Cercas denunciaba en sus escritos, y naturalmente tomaba postura frente a ls nacionalismos secesionistas, que la demencia subía enteros en ls sociedad catalana; que esa misma sociedad se estaba partiendo en dos porque los patriotas catalanes excluían del proceso, y los trataban de traidores, a todos los ciudadanos que se delataran contrarios al independentismo. Cercas fue inmediatamente lapidado por los escribidores al servicio de la Generalitat independentista. Le dijeron y escribieron de todo. Hasta le quitaron su condición de catalán, por no haber nacido en Cataluña y a pesar de haber pasado en aquella tierra toda la vida. Un poco más tarde saltó ala arena mi también amiga y escritora Nuria Amat, catalana de cepa intemporal. Venía a decir lo mismo, aunque a su manera, que habían dicho Marsé y Cercas: que la locura política inyectada en vena colectivamente por los secesionistas catalanes llevaría a su país, Cataluña, al desastre social, económico y político. Inmediatamente fue tildada de lo que ella ya esperaba: traidora a la patria.
Muchos otros escritores que conozco también decidieron ser traidores a su patria, nunca fueron patriotas ni jamás nacionalistas, esa manía de primates, como dejó bien claro Jorge Luis Borges. Muchos otros, que también conozco, saltaron del comunismo y la nada hasta abrazarse a las banderas nacionalistas y encontrarse con el destino que siempre estuvieron buscando: convertirse en cabezas de ratón aplaudidas por las masas nacionalistas como héroes en la pelea de las patrias. Como escribió Neruda, “patria, palabra triste/como termómetro o ascensor”.
Jamás he sido un patriota, conozco de memoria mis señas de identidad, no amo a mi patria pero siento por ella un espíritu crítico que entró en mí con el uso de razón y sigue en activo todavía. Mi país, el pequeño y el grande, me ocupan y me preocupan. Y, como en el poema de José Emilio Pacheco daría por ella (por mis recuerdos en ella, por tres paisajes, cuatro amigos y un par de memorias del paladar) incluso la vida. Y la libertad. Siempre me molestaron los patriotas, del lado que fueran, y si sonde mi país mucho más. Los detesto desde siempre. Cuando veo ahora el proceso político catalán me siento al lado de mis amigos Marsé, Cercas y Nuria Amat, y de todos aquellos que por situarse al margen de la patria han sido declarados traidores a la patria por los canallas, cuyo último refugio, si no el primero, es precisamente la estupidez de la patria. Otros escritores, a los que también conozco, me han decepcionado en estos tiempos difíciles para Cataluña y el resto de España. Uno, muy famoso, llegó incluso a decir que él no tomaría postura en público porque temía perder lectores en Cataluña y el resto de España. Asombroso cobarde. Otros, no tan asombrosos, guardan silencio también por cobardía y no dicen en público absolutamente ni una palabra: como que lo que está ocurriendo en su propia casa no va con ellos, pase lo que pase. Cobardes fueron, son y serán hasta que la gente se olvide de ellos.
Se acerca, pues, un gran momento: los miles y millones de traidores a la patria que no votarán a los partidos secesionistas en las elecciones que tendrán lugar dentro de una semana, están llamado a hacer un país real frente a la patria irreal que los nacionalistas trabajan, fuera de España y fuera de Europa. A estas alturas, no tengo que decir una vez más que me considero, vistas así las cosas, uno de los más grandes traidores a la patria que he conocido en mi vida. A la patria y a las patrias.

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