El regreso de Twin Peaks

Hace década y media fue un fenómeno televisivo universal. “Twin Peaks”, la seria genial creada por David Lynch fue aplaudida unánimemente por la crítica y el público televisivo siguió con ansioso interés cada uno de los episodios. La serie se levantaba sobre una pregunta sustancial: ¿Quién mató a Laura Palmar? Ella era una chica hermosa y fatal del lugar que Lynch se inventó para escribir la serie, que está llena, en secuencias, escenas y episodios, de las obsesiones y manías del director y guionista. Lynch ha sido para mucha gente, y sigue siéndolo, un director de culto, lleno de referencias y de trucos que el espectador debe conocer o por lo menos intentar hacerlo, si quiere final conocer las intenciones secretas y siempre sospechosas de los personajes de “Twin Peaks”.
Guillermo Cabrera Infante, gran conocedor del cine y él mismo un gran crítico de televisión, comparó en su momento “Twin Peaks” con la literatura de Faulkner, lo que a mucha gente le pareció una exageración, una suerte de boutade intelectual del cubano, hecho siempre al cine, que es uno de sus alimentos superiores. Sea o no el Faulkner de la televisión, Lynch consiguió rizar el rizo (y aquí el modo de narrar de Henry James) con su serie televisiva, vendida al mundo entero y sostenida por el público y el debate en todas las televisiones del mundo. Quiero decir que fue seguida tanto en Sudáfrica como en Japón, tanto en España como en china, y representó un éxito en culturas diferentes y muy separadas en el espacio y en la cilindrada. “Twin Peaks” tomó de la Biblia tantos episodios y tan actualizados y disfrazados de modernidad que casi nadie cayó en la cuenta de que el libro sagrado era el primer proveedor de los sueños escritos y filmados de Dabvid Lynch, que ya había probado en “Terciopelo azul” muchas de sus fijezas intelectuales y religiosas.
Particularmente, a mí “Twin Peaks” me sedujo desde el principio. Los pequeño errores, o algún que otro error de bulto, que aparece en la serie no es nada en comparación con la gloria que representaba meterse en la trama siempre nueva de cada uno de los episodios. ¿Y esa rareza escrita y filmada por Lynch, es tan extraña, tan rara? Si reflexionamos, quienes hayamos visto ya la serie, veremos que la vida es tal cual de disparatada como en los episodios de la seria, que los comportamientos, las conductas y las actitudes de los personajes que entran y salen de escena no son tan distintos a los de los que vemos todos los días en los sucesos que nos brindan los medios informativos. Algo hay también en “Twin Peaks” del horror cotidiano que Conrad nos enseñó en “El corazón de las tinieblas”. Al final, Lynch se encierra en sí mismo y termina por morderse la cola, tanto dar vueltas y vueltas a la tuerca, para dejarnos a la vista, y antes de lo que podíamos esperar, quién es el asesino de Laura Palmer. Tan cerca estaba que acabó por delatarse en la misma serie.
Ahora se anuncia el rodaje de una nueva “Twin Peaks” a partir de los elementos que intervenían en la serie anterior del mismo nombre. Les adelanto que voy a seguir esta nueva parte de la historia televisiva con más interés que el del simple telespectador. Me va a valer la pena, porque David Lynch es un director que enseña, no sólo a los actores, sino a los espectadores de sus películas y de sus creaciones televisivas. Tengo para mí que, aunque habrá gente que rechace la segunda parte la serie, Lynch no nos defraudará: su fantasía casi gótica, los colores de su ficción, los espacios físicos en los que se desarrolla la acción, o las acciones varias, de la historia son demasiado buenas, demasiado excelentes para que nos canse y nos ponga en contra de su creación artística.
Tengo, claro que sí, personajes que me gustan más que otros, manías y fijaciones de la acción que me gustan más que otros, pero en general siento devoción intelectual por la historia, las historia de Lynch, casi bíblicas (como las de Faulkner), historias que tocan todos los palillos del pecado, todas las músicas secretas de la perversión, todos los pianos de la sospecha. Y luego están los sueños, las pesadillas de los personajes, personajes además de pesadilla, que comienzan siendo manías etéreas y terminan solidificándose en fijezas que son claves y determinantes en la ficción e interpretación final de la serie.
Ahora, cuando tantas series de televisión tenemos todos los días antes nuestros ojos, la mayoría de ellas aplaudidas por mayorías televidentes (aunque a mí no me gustan muchas de ellas), podemos mantener la esperanza de que, en el futuro inmediato, la satisfacción de la televisión culta llegará a nosotros de la mano del regreso de “Twin Peaks” y David Lynch.

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