El precio del arte

El precio de una obra de arte lo marca el mercado, quienes lo manejan y , los que la venden o la compra. En len a celebración de ARCO en Madrid, nos despertamos con una noticia sensacional: se han pagado veinticinco millones de euros por un Bacon. En vida, Francis Bacon fue muy valorado, pedía dinero por sus obras y le daban lo que quería. El mercado, los marchantes, los coleccionistas y todos los que estaban al tanto del mundo del arte sabían que el artista sabía lo que valía para ellos. Cierto, todo necio confunde valor y precio, y en muchas ocasiones el artista no goza en vía del precio que, tras su muerte, se paga por algunas de sus obras consideradas como arte maestro. Es otra de las paradojas del mundo y la historia del arte.
El artista ha necesitado caso siempre de alguien que lo prestigie, un mecenas que “lo ponga en su lugar” en el mapa del mundo, en el arte y, desde luego en el mercado. Bacon lo tuvo, como algunos otros pintores que vieron sus obras consagradas, aunque algunos lo consiguieran sólo al final de su vida.
En las ferias internacionales de arte, y ARCO es una de ellas, se juega a subir y bajar el precio de la obra de arte, según los elementos y referentes del mismo mercado. Los pintores y escultores buscan siempre llamar la atención en esas tiendas internacionales, porque saben que puede orles la vida en esa exhibición. Una caterva de pintores y escultores más o menos jóvenes han tomado la imagen de Franco como icono para llamar la atención. Y lo malo, o lo bueno, es que lo han conseguido, sobre todo para los poderes mediáticos, que van primero a lo urgente y se olvidan casi siempre de lo importante. Basta ver en manos de quienes está la información de cultura en las televisiones para sonrojarnos de la superficialidad con la que tratan todos los días un mundo tan difícil como el universo y el mercado del arte.

La mejor noticia para el mundo real del arte es que con Bacon se cumple la excepción a la regla: en él coinciden prestigio, talento, valor y precio. Lo que en los tiempos col usos y confusos que corren no me parece poco. Mientras tanto, las ferias y los circos artísticos continúan abierto a un público que normalmente carece de intuición y curiosidad intelectuales, que sólo asisten al mundo de las vanidades para ver al divo o a la diva. O, peor, para simplemente darse importancia social con algo que no debería tenerla.

jfdghjhthit45
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.