Venezuela

En el próximo octubre puede comenzar el cambio político en Venezuela. El presidente Chávez ha visto cómo la oposición se unió en una sola persona, Henrique Capriles, para hacerle frente a un proyecto -que dura ya catorce años- y que no termina de convencer a todo el mundo. La vieja Venezuela saltó por los aires en manos de Chávez, el socialista del siglo XXI. Nunca tuvo Chávez, sin embargo, una oposición tan peligrosa para él. Capriles es un político completo, que atrae a las clases medias y las llena de ilusión. Chávez, en quien las clases populares pusieron en un momento todas sus esperanzas, parece no dar más de sí, a pesar de que el petróleo sigue llenando las arcas de su gobierno bolivariano. Capriles, si gana las elecciones, promete por fin acabar con esa Venezuela partida en dos que Chávez cultiva para consolidarse por los años en el poder. Siempre estamos en lo mismo: el poder frente a la libertad. O viceversa.
Capriles representa hoy no sólo la esperanza, sino también la libertad. Chávez no sólo es el poder, sino que puede-y lleva camino de eso- ser el poder totalitario. Capriles ha dicho ya cual es su ejemplo: el Brasil de Lula. Buen principio. Ahora falta que el candidato de la oposición llegue entero a las elecciones presidenciales de octubre. Las mañas de la “chavitud” son conocidos por amigos y enemigos, pero ante la esperanza que representa el candidato sería interesante que se produjera la unión frente a Chávez por parte de la oposición.

Yo no soy de los que cree que Chávez lo ha hecho todo mal. Tengo para mí que es un político con una tentación totalitaria exagerada y un populista que da con una mano lo que quita con la otra. Venezuela es un país riquísimo, con unos tesoros naturales a los que la mayoría de la población del país no llega. Capriles ha dicho, y ha dicho a mi entender con razón, que lo primero en su cabeza de político, además de devolver la unidad al país, es la educación. Invertir en educación es capital para un país que no es precisamente de viejos y que tiene su capital sustancial en la juventud, en las nuevas generaciones. Se trata, además, de generar confianza, de acabar con la inseguridad ciudadana y devolver al país el prestigio que tuvo en el pasado. Es posible que esa situación deseada por la mayoría llegue en octubre, tras las elecciones presidenciales. O no. O Chávez gana, y se cura de su enfermedad, y no se va. Y se queda mucho tiempo más. Entonces Capriles o quien sea tendrá que seguir luchando para que la democracia en Venezuela no desaparezca engullida por el poder; para que la libertad sigue enhiesta en el viento, como una bandera por la que siempre luchó a brazo partido el pueblo de Venezuela.

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