Canarias:prospecciones y contradicciones

Hace unos meses, al finalizar un acto literario en la Casa de América, en Madrid, unos muchachos llenos de fe, vitalidad y activismo, se me acercaron para pedir mi firma contra la las prospecciones petrolíferas en los mares de Canarias, entre Lanzarote y el África sahariana. Nadie, hasta entonces, me había pedido nada a esta respecto, ni siquiera cuando, también unos meses antes, Marruecos comenzó a hacer prospecciones petrolíferas en el mismo mar, a pocas millas de las canario-españolas. Decir que a Marruecos nadie le protestó, ni nadie se opuso a sus prospecciones, ni siquiera Green Peace y sus valientes gladiadores, es decir la verdad, aunque la mayoría de la opinión pública canaria no lo vea o no lo quiera ver. “Se va enfrentar usted a una inmensa mayoría de sus conciudadanos”, me dijo uno de los muchachos que pidió mi firma en la Casa de América. “Ese es mi sino”, le contesté, “pensar y criticar según mi forma de pensar. No te olvides”, le añadí, “el que escribe se proscribe”.
Saquemos al aire, pues, en este controvertido problema, la memoria libre de impuestos que se nos supone a los seres libres. Por ejemplo, en marzo del año 2012, Coalición Canaria, el partido nacionalista del Presidente canario Paulino Rivero, se opone en el Parlamento insular a realizar una consulta popular sobre la hipótesis de las prospecciones petrolíferas. Ahora, reclaman a gritos de angustia, Rivero y CC, como si en ellos les fuera la supervivencia de las islas, la misma consulta que negaban en el 2012. Otrosí: el actual vicepresidente del gobierno canario, el socialista (PSOE) José Miguel Pérez, en medio de la campaña electoral electoral autonómica del 2011, gritaba en los mítines y declaraba a los medios informativos que “haría las prospecciones petrolíferas con los ojos cerrados”. Además, el jefe de un partido nacional-insularista, desgajado de Coalición Canaria, Nueva Canarias, Román Rodríguez, que fuera presidente del gobierno canario, declaró como tal presidente que “no hay país en el mundo, de ninguna condición, que teniendo la posibilidad de encontrar, ninguno, ningún país en el mundo que, teniendo la posibilidad de encontrar petróleo no lo busque con las debidas garantías”. Lo que vengo en recordar está recogido y figura en el Diario de Sesiones del Parlamento canario y no hay lugar a las dudas ni a los escarceos. Para colmo, en el programa electoral de CC en las autonómicas del año 2011, se reclama pedir, en el plano competencial, la decisión de hacer las prospecciones petrolíferas en aguas canarias. Más aceite da un ladrillo, pero no recordar lo que se dijo ayer, o no explicar con razones claras por qué se cambia de opinión, es de vendepatrias, oportunistas y patrioteros. Por supuesto, los denostados, muchas veces con razón, PP nacional e insular, no se han movido un milímetro de lo que decían ayer y dicen hoy. Hasta el punto de que el Ministro Soria ha perdido la oportunidad de ser presidente de Canarias en las elecciones autonómicas del 2015. El 80% de la opinión pública isleña, según una encuesta del gobierno canario recientemente publicada, está radicalmente en contra de las prospecciones petrolíferas “en sus aguas”. La capacidad de los “ecologistas”, repentinos la mayoría y reflexivos una minoría que conocemos, se ha visto renovada con una gran fuerza en manifestaciones callejeras y capacidad de concentración. Hasta ese carro se han subido personalidades e “intelectuales” que quieren ver su nombre en la historia
reciente del Archipiélago y pasar como héroes al subirse al barco de Noé, la negación a ultranza de las prospecciones, el único método que parecen tener para limpiar sus conciencias de otras frustraciones, contradicciones y desmemorias. En cuanto a las debidas garantías de esas misma prospecciones y a las condiciones técnicas, que contradicen a la inmensa mayoría de los canarios, los expertos del Colegio de Ingenieros de Minas de España, han hecho pública tan sólo hace unos días, tras una reunión oficial en las Islas Canarias, que las prospecciones, ya iniciadas, contaban con las “debidas garantías”, lo que hacía “casi” imposible y “altamente” improbable el riesgo de un desastroso accidente o de una catástrofe que acabara con el turismo en Canarias.
¿Acabar con el turismo por unas prospecciones petrolíferas, de dónde sale esa falacia social que hace que la opinión pública alce su voz contra el hipotético tesoro del petróleo insular? Sale, a mi entender, del analfabetismo político al que las clases dirigentes del Archipiélago han sometido a los ciudadanos insulares; se provoca, a mi entender, desde un déficit de educación popular del que son responsables los dirigentes políticos insulares y las clases sociales que los apoyan desde tiempo inmemorial; sale de la falta de autocrítica de una sociedad atomizada, desperdigada geográficamente, desnortada ideológicamente, y carente de confianza en sí misma; sale de la manipulación interesada de ciertos medios informativos, que sólo se mantienen en el aire cotidiano por las evidentes subvenciones institucionales que el gobierno de Canarias les concede graciosamente, con tal de que el apoyo a sus tesis sea más que evidente; sale de un pueblo manipulado, que quiere, sin embargo, sentirse protagonista de su destino sin reflexionar apenas sobre la situación de “periodo especial” que vive Canarias con un 32% de paro.
He visitado Río de Janeiro más de veinte veces en mi vida. Un pequeño viaje en helicóptero nos lleva a unas cuantas millas de la orilla de las playas de la gran ciudad brasileira, desde Lebrón a Copacabana. Playas, arenas, orillas, mar: llenos de gente. Y allá, en el horizonte, las plataformas de las prospecciones petrolíferas. Nadie las discute en la economía del gigante latinoamericano, un continente dentro de otro continente. El otro día, camino de la FIL de Guadalajara, México, volé por encima del Golfo de México, exactamente por la ruta de las prospecciones petrolíferas, cerca, muy cerca de los grandes establecimientos turísticos mexicanos del Yucatán. Colores azules, absolutamente azules en los mares turísticos, bellísimos, del Golfo de México. Cierto: el Exxon Valdés, aquel desastre, que de vez en cuando, en cuanto a petroleros se refiere, pasa por el muelle de Las Palmas de Gran Canaria. Cierto: Canarias vive mayoritariamente, en una mayoría del 80% tal vez, del turismo nacional e internacional. De ahí la utilización exagerada del grito social contra el petróleo y la falacia enfermiza de su victimismo y su automarginación. ¿Y los beneficios, serán para Canarias, si se encuentra petróleo en sus plataformas marítimas? El 80% dice que no. Vox populi, vox dei. Pero yo soy panteísta, creo en los dioses griegos, en los dioses naturales y en las matemáticas, creo en los que saben de verdad, y tengo para mí que la inminencia del desastre es una demagogia exagerada que utilizan burdamente intereses políticos y económicos, que tal vez no han sido “untados” con la debida solvencia, como hasta hace poco era normal en España. No exagero nada, y ya sé que mis criterios sobre este asunto son políticamente incorrectos. ¿Cuándo no?
Mañana, si un hipotético destino favorable del petróleo en las Islas Canarias se produjera, me gustará ver saltando para el otro lado, como tantas veces han hecho y como pollos sin la cabeza que nunca tuvieron, a muchos de los pajullos con nombre y apellidos notables, políticos, sociales, académicos e intelectuales: ya lo decían ellos, desde siempre, el petróleo era una solución para las Islas. Sic transit gloria mundi.

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