Tantos amigos

Ya estoy de nuevo en Madrid, desde donde escribo, aunque sea por unos días. Acabo de regresar de la Feria Internacional de Guadalajara, México, que se celebra todos los años en el mes de diciembre. Es un lugar de encuentro sustancial, esencial, fundamental, en el mundo latinoamericano y español de la literatura y la edición, pero asisten a él escritores de todos los ámbitos culturales y literarios del mundo, desde África a Estados Unidos.
Desde el principio de la FIL jalisciense, me instalo en el Hilton de Guadalajara, porque ese es el escenario primordial de los escritores en la Feria. Allí nos encontramos, nos abrazamos, nos saludamos, nos contamos los libros que estamos escribiendo, nos intercambiamos noticias, nos hacemos promesas de querernos eternamente, discutimos como amigos, debatimos como escritores pacíficos, hacemos nuevas amistades, rehacemos las antiguas. Y cosas así: un torbellino intelectual que baila al son de la amistad y la literatura durante quince días. A mí me divierten mucho estas ferias librescas, sobre todo la de Guadalajara por cuanto acabo de decir: por los viejos y nuevos amigos que encuentro en la Feria y en el lobby del Hotel Hilton. Ese lobby es una película por filmar o una novela por escribir. Una novela sobre los egos de los escritores y editores que nos paseamos por aquella pasarela internacional como si fuéramos, al menos por unos días, pavos reales dueños del zoológico universal de la literatura. Allí, en una esquina de un rincón no tan oscuro, aparece el flamante Ken Follet, vendedor de papel en todo el mundo, con un séquito interminable que, naturalmente, lo acompaña. Parece el Presidente de México, o el emperador de un país, en el de la literatura de best-sellers, que todavía mantiene expectativas de sobrevivir. Al otro lado, Sergio Ramírez es entrevistado por un ramillete de muchachas y periodistas que le rinden admiración y pleitesía. Se lo merece: él y su obra. En la barra del bar del Hilton, como si no supiera que están filmándolo a un par de metros de distancia, el gran crítico y bailarín Christopher Domínguez Michael, que acaba de publicar y presentar en la FIL su ensayo titulado “Octavio Paz en su siglo”, una biografía definitiva del poeta e intérprete de México, habla con otros amigos y periodistas de la actualidad flamante de la feria. Allí, en otro rincón, estamos Jaime Abello y yo, él director general de la Fundación Nuevo Periodismo García Márquez, de Bogotá, y yo, director de la Cátedra Vargas Llosa hablamos de hacer planes conjuntos para algún episodio inmediatamente futuro. De momento, como compinches que ya somos, hemos almorzado juntos y nos hemos citado para el próximo Festival Hay de Literatura en Cartagena de Indias, que tendrá lugar en enero del próximo año.
Hernán Lara Zabala, Jaime Labastida y Gonzalo Celorio, mexicanos de pro y amigos del alma, se distienden en la risa, el chisme y la carcajada. Ya saben que ha habido un insólito acercamiento entre Juan Cruz y yo, para arreglar nuestras diferencias. Espero que esta vez sea para siempre, ya no nos queda mucho tiempo, y menos entre gentes que van por el mismo camino, entre risas, contentas reuniones y literaturas. Alberto Ruy Sánchez, el editor de Artes de México, junto a su bellísima y atractivísima mujer, Margarita, me dan una abrazo descomunal y renovamos nuestra ya vieja amistad literaria, intelectual y vital. El lobby del Hilton es un paraíso de entrevistas, encuentros, noticias de un lado y de otro. Casi todas esas noticias son buenas. Este año, bajo la férula de la Cátedra Vargas Llosa, han venido a ponerse de largo internacionalmente desde Canarias, cuatro brillantes y jóvenes escritores y una inmensa editora todavía más joven: Guadalupe Martín Santana. Ellos son Rafael-José Díaz, una bomba verbal interminable y encendida todo el tiempo, Santiago Gil, poeta y narrador, ensayista de la vida y ambicioso escritor, Pablo Martín Carbajal y José Luis Correa, cuyas novelas se publican en Alba, en Barcelona, sin que la llamada Santísima Trinidad insular (en la que estoy inútilmente incluido) haya hecho por impedirlo, como creían algunos catalanes de mal gusto, que los hay.
En fin, un episodio más para las memorias. Un éxito más para Marisol Schuzl, la directora de la Feria de Guadalajara, y para su presidente, Raúl Padilla, ex-Rector de la Universidad de Guadalajara y alma mater de esta reunión única en el mundo hispánico. Ahora voy a encerrarme a escribir parte dedico una novela que me acucia a toda hora del día, hasta que el próximo 25 de diciembre, día de Navidad, volemos con algunos otros amigos hasta el Cuzco, a recibir el año nuevo en el Valle Sagrado, luego de bautizar (inaugurar) una nueva universidad, la UTEC, en Lima. Como decía el escritor puertorriqueño Luis Rafael Sánchez en su novela “La guaracha del Macho Camacho”, “la vida es fenomenal/tanto pal de alante como pal de atrás”.

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