La indignación y la política

Un extraño y, para muchos, peligroso fenómeno político recorre España entre la indignación y el asombro. Se llama Podemos y puede ser, en el presente de la política española, un revulsivo que cambie las reglas del juego. He leído su programa político y tengo que decir que mi acuerdo con los problemas que dice Podemos que tiene España es casi total. En lo que me separo de ellos, de los jefes y la gente que lleva el programa hacia delante, es en las respuestas y soluciones que hay que dar a los problemas: ni una de esas respuestas me parece viable. Ninguna de las soluciones me parece posible. Sin embargo, Podemos sigue creciendo en la calle y su poder de convocatoria y voluntad de voto son asombrosos. Las viejas castas de la democracia española, acostumbradas ya a que nunca pasa nada con ellas, tiemblan al ver a unos jóvenes profesores de Ciencias Políticas manejando las redes sociales que ellos, las castas, han despreciado hasta el momento actual. Mientras tanto, los casos de corrupción denunciados por la Policía Científica y sus unidades cualificadas crecen como hongos ante el asombro y la indignación de las sociedad español y los medios de comunicación. En mi fuero interno, llevo unos días preguntándome quién o quiénes han dado la orden de mandar a parar y llevarse por delante, en los juzgados y en la cárcel, a delincuentes metidos en política que han desprestigiado a la democracia española más allá de donde sus entendederas llegan. En España, a estos delincuentes se les llama popularmente chorizos y, es la verdad, sucede que el país está ya harto de chorizos y perdones políticos que no conducen a ningún lugar. El país se indigna y quiere justicia y cárcel para los culpables, los delincuentes y todos aquellos que tengan connivencia con ellos.
En todo caso, y en paralelo, Podemos crece. Una encuesta del CIS, el Centro de Investigaciones Sociológicas, que saldrá mañana lunes a los medios informativos dejará asombrados a quienes han hecho posible que España esté como esté y que la democracia española tenga entre sus ciudadanos tan poca credibilidad. Esa encuesta delata el voto transversal, no ideológico, del fenómeno Podemos y les da posibilidades, de seguir creciendo, de gobernar en España dentro de año y medio, cuando lleguen las elecciones generales. Gentes del PSOE de toda la vida parece que ahora son de Podemos de toda la vida. Votantes del PP, dubitativos y cabreados, han votado a Podemos en las últimas elecciones europeas y se permiten decir en público y en privado que seguirán votando a los “chicos”, que, en el fondo, son la generación de sus hijos, profesionales y universitarios que entraron hace tiempo en el paro o que no han podido trabajar nunca.
Algún comentarista político se ha preguntado ya por escrito si Podemos es la solución del país, la solución de España. Si Podemos, nos advierta también, no será peor que lo que tenemos; si el remedio que dice ser Podemos no será todavía peor que la enfermedad. No lo sé. Asisto, como muchos de mis conciudadanos, conmocionado al cotidiano caer de la lluvia fina: mientras más casos de corrupción se descubren en los juzgados y en los medios informativos, más votos para Podemos, como solución final. Hay, desde luego, mucho de esperpento valleinclanesco en la política española. Y mucho de Lampedusa y la frase gatopardesca que se le atribuye: cambiar todo para que nada cambie. Esa frase la maneja el personal del periodismo con un libertinaje indocumentado que da vergüenza. Esa frase la pronuncia en “El gatopardo” Alfonso Falconieri, el sobrino joven del Príncipe di Salina, el protagonista de la novela y alter ego de Lampedusa en su propio texto. ¿Hay algún Falconieri en Podemos? De momento, los jóvenes indignados que están siendo aplaudidos por una inmensa mayoría de los españoles vienen a cambiarlo todo. Hasta el Rey, con un referéndum que decida entre monarquía y república como forma de Estado en España.
Tengo para mí que, aunque la caída no sea demasiado dura, a la hora de la verdad, no llegará la sangre que ahora temen las castas de la democracia española al río que se los lleve a todos por delante. Pero de una cosa si estoy completamente seguro: después de la irrupción de Podemos en la vida pública y política de la España actual, la democracia no será la misma,los delincuentes tendrán un poco más de cuidado y las viejas castas de privilegiados someterán sus actitudes y sus exageradas avaricias de todo a una necesaria expiación. Si quieren entender más de todo cuanto estoy diciendo lean las novelas de Rafael Chirbes, “Crematorio” y “En la orilla”. Ahí están las claves de lo que está pasando que puede, al menos, cambiar bastantes cosas para que nada de cuanto se ha hecho mal en España vuelva a repetirse.

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