Un lugar para leer

Me sumergí en la vorágine de una hora punta en el metro de Tokio. Más que una puesta a punto, en esas horas el metro de Tokio es una guerra ardiente en la que cada individuo lucha a brazo partido -casi a muerte: a veces hay accidentes que la rozan- por su lugar en el mundo cotidiano.En este caso, un espacio donde situarse para llegar al trabajo a la hora exacta. Los japoneses son expertos en disciplina y, por tanto, en exactitud. De modo que, tras la tormenta infinita del metro de todos los días, viene la calma y el subte de la gran ciudad se vuelve un remanso de paz y silencio. Un lugar de descanso, diría yo, porque muchos tokiotas agradecen el rato de traslado con un buen sueño en el vaivén del tren y en el silencio total del ambiente. Un lugar de lectura. Mucha gente lee en el metro. Pero, a diferencia de otras partes, en Tokio la gente va en el metro leyendo literatura. Literatura literaria, quiero decir, autores literarios, para que se me entienda, no libros de autoayuda o evasión, nada de libros de ferrocarril ni de estaciones. Libros de literatura que el lector lleva forrados para nadie curiosee el título ni el autor. “Se hace por respeto y por educación”, me dice un amigo japonés, y yo no hurgo en su contundente afirmación.
Otrosí: mi amigo me cuenta que aquí no se publican muchos libros en una edición primera de un autor y un libro determinados. Es sólo cuando el lector masivo atiende al libro y le da su beneplácito público cuando la editorial que sea, siempre literaria, y sin echar las campanas al vuelo, reimprime un número de ejemplares superior a la primera edición. Aunque depende del tiempo en que ésta ha sido vendida. Si el éxito acompaña a la segunda edición, y se liquida en venta en poco tiempo, la tercera edición puede tener un número de ejemplares estimados en muchos miles. Sentido común, porque aquí se lee de verdad. Se estudia en las universidades el libro de referencia y la novedad. La gente joven discute con pasión sobre autores y títulos que están leyendo. “Lo leí en el metro en tres días”, me dice mi joven amigo de un título determinado. El silencio y la educación ayudan muchísimo, le digo.

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