El Niño de las manos grandes

Celebración, hoy, en el Instituto Cervantes de Tokio, del centenario de Julio Cortázar, “el niño de las manos grandes”. Rodrigo Fresán habló, con mucho criterio literario y conocimiento intelectual, de “Rayuela”. Natsuki Ikezawa de una lectura de los cuentos de Cortázar y de su aventura cinematográfica fallida: una película sobre la “Autopista del Sur”, A-6 en Francia, que nunca se llevó a cabo. Como siempre, el salto del sueño a la industria lo frenó el dinero. Enorme exégesis sobre algunos de los cuentos del Gran Cronopio. El profesor y escritor Natsuki Ikesawa habló de su fascinación por la literatura de Cortázar, como lector y como novelista, y el venezolano Gregory Zambrano dio la lección académica del día, junto al profesor Ryukichi Terao, organizador con Teresa Iniesta de este episodio literario emotivo y sin embargo sólido, intelectualmente hablando. Sostuve con pulso que, pese a todos los grandes relatos de Cortázar, el mejor de todos ellos era “Rayuela”: cada capítulo de “Rayuela” es un cuento maravilloso; que era, además, el más poético de todos los Beatles del Boom: que era John Lennon. Y que, por eso mismo, su literatura era la más musical. Estuvimos de acuerdo todos en que Poe, Joyce, “Los libros de Alicia”, la poesía surrealista, le novela policial y negra, el cuento interminable y eterno de Peter Pan y la música de jazz eran los componentes fundamentales del gran juego del inventor de palabras, frases y lenguas: el Gran Cronopio. Antonio Gil, director del Instituto Cervantes, puede estar contento: el salón de actos estaba lleno de lectores tokiotas que atendían con interés inusitado las explicaciones de los profesores literarios, y dos escritores “extravagantes”, como nos llamó Terao en su exposición a Fresán y a mí. Un lector japonés se atrevió a decirnos que el principio de “Rayuela” era un velado homenaje a Agatha Christie, una sorpresa más dentro de este episodio sorprendente. ¿Y “Continuidad de los parques”?, me preguntó. “El mejor poema de Cortázar”, le dije: cada frase es un verso.
Al final, vinos y empanadas argentinas. A pesar de todo, cenamos cocina japonesa, con sake “Gorrión de Bambú” y otras exquisitas excentricidades. Y, encima, como escribiría Hemingway en plena batalla de París, buen tiempo en Tokio. Es decir, casi la felicidad en un día insólito.

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