Los sueños de la razón

Miente quien diga que España no ha avanzado en la Historia bajo el reinado de Juan Carlos I. Miente quien diga que escribir lo que acabó de escribir me hace monárquico. Soy un republicano francés, sentimentalmente hablando, pero tampoco me gustaría que España tuviera un presidente de la República como Hollande. Mi presidente republicano ideal para España sería Sandro Pertini, pero ese tipo de joyas hace tiempo que se fue del aire, cansado, pienso yo, del mundo terrible en el que le tocó vivir. ¿Una república en España como la que hay en Italia? Con franqueza, no soy partidario. No soy partidario de ninguna de las mediocres repúblicas que hoy tiene Europa. Y tampoco soy partidario de los reyes suecos, pero Suecia, país que visito con frecuencia en los últimos tiempos, es a pesar de todo un ejemplo de pacto social, convivencia, democracia y justicia. Y es una monarquía.
Ahora que Juan Carlos I ha abdicado, miles de españoles se han echado a la calle a pedir la III República. Pero, en lugar de mirar hacia el futuro, miran hacia atrás con ira: su modelo es la II República española, un fallido intentó de democratizar y modernizar España. Sucede que tampoco tenemos hoy esos hombres de futuro que había entonces, y que se han quedado para siempre en nuestra añoranza y memoria. Lo que tenemos ahora es una mediocridad territorial que provoca pánico en los más razonables, aquéllos que nos venimos preguntando por qué cada vez que se mueve algo en España, que debería ser ya un país hecho, parece armarse lo que los andaluces llaman la marimorena.
Viví 30 años bajo el franquismo y sigo abominando a gritos de aquella temporada miserable de nuestra Historia. Hoy, con todo cuanto aún debemos hacer, somos otra cosa, España es un país que está en Europa y en el mundo, y a pesar de la crisis camina hacia adelante como un caballo percherón.
No se trata, a mi modo de ver, de república o monarquía, un debate que se siente en España con demasiada frecuencia. Se trata como siempre de qué monarquía y de qué república. Se trata, en definitiva, de dictadura o democracia. Avanzar en la democracia, según muchos republicanos, es llegar a la república española de nuevo. Me temo que otra vez los sueños de la razón producen monstruos históricos que nos persiguen a lo largo de los tiempos. La república significaría en España una semana de alegría y jolgorio del populacho y quince años de inestabilidad política y económica. Es decir, años para atrás. A mí, por decir y escribir estas cosas, que son bastantes sensatas, y que no son de izquierdas ni de derechas, a veces me han llamado monárquico. No lo soy, pero he sido juan artista hasta que el monarca, en los últimos tiempos, echó los pies fuera del tiesto y su conducta dejó de gustarme. Pero la experiencia política nos sirvió a todos los españoles, incluso a quienes rechazan la monarquía. Ahora me gustaría ser felipista por segunda vez en mi vida. Fui felipista de Felipe González durante. Los primeros años 80 y no me importaría ser felipista de Felipe VI desde dentro de unos días, cuando se le proclame Rey de España con el 80% de los votos o del parlamento español. Quienes piden un referéndum entre monarquía y república en estos momentos, no están en sus cabales. En plena crisis y en una época de cambios y apetencias nacionalistas que quitan el hipo a cualquier enfermo. Se dice que Felipe de Borbón es el Príncipe más preparado de toda la Historia de España. Me parece lo más normal. Y el nuevo monarca, joven y en plenitud, debe recoger el guante y hacer de la monarquía una institución moderna, como la hizo su padre en los primeros veinte años de la democracia española. Sí, tiempos revueltos y raros, en los que es muy difícil demostrar lo evidente porque los monstruos se apoderan de la razón y escupen deseos que, de cumplieses, no alcanzarían nunca las promesas que nos hacen.
Prefiero lo malo conocido que lo bueno por conocer. Veo las repúblicas del mundo actual y se me hiela el espinazo. Veo ciertas monarquías del norte de Europa y me asombra que de ahí no se tomen muchas notas para llegar a un punto en que la razón de la mayoría se imponga sobre minorías grotescas y a veces demasiado glotonas. Desde luego, lo repito, sentimentalmente soy republicano francés, pero no he vivido nunca bajo un republicano y jamás he sido francés, aunque soy muy francófilo y me duele lo que está pasando en ese país, muy significativo: otro sueño de la razón, otro monstruo, Marine Le Pen, mucho más inteligente que su padre.

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