Cambio y recambio

La democracia es cambio y recambio constantes. Es, además, tal como decía Churchill, el peor de los sistemas políticos conocidos, si descartamos -como hay que descartar- todos los demás. Hannah Arendt dejó escrito, entre otras reflexiones, un ensayo ejemplar: “El origen de los totalitarismos”. Deberíamos leerlo y releerlo todos, empezando por los políticos, a los que se les llena la boca con la palabra democracia, tanto que la repitan hasta vaciarla del más mínimo contenido. Contenido político y moral. Contenido de justicia. Si la democracia no tiene esos elementos, aparentará serlo pero no lo es. La libertad es una sustancia genética que, por tanto, lleva el ser humano encerrada en su disco duro. Cuando ese mismo ser humano nota que el político llamado democrático no gobierna como se debe, se corrompe con ínfulas totalitarias y se permite la costumbre de la corrupción generalizada, ese ser humano, individual y colectivo, el ciudadano uno a uno, debe procurar pensar su voto y provocar un cambio en el gobierno que ha de manejar las cosas del Estado, que en democracia somos todos (aunque esto no se cumpla casi nunca).
Durante décadas, España fue gobernada por un dictador insaciable que no permitía la más mínima libertad a sus ciudadanos. El ciudadano era un súbdito sin libertad, sometido colectivamente a la palabra única del dictador que nunca terminaba de morirse. Pero se murió, y las cosas cambiaron en el país, nos hicimos demócratas, muchos lo fuimos también genéticamente, de modo que no nos costó mucho trabajo adaptarnos a los nuevos tiempos, que deseábamos que llagaran cuanto antes. En democracia, un cambio siempre el saludable. Es un anuncio de que las cosas pueden funcionar mejor y que los tramposos se caen del poder en cuanto los ciudadanos manejan su voto con un mínimo de inteligencia.
Ahora le la tocado a Panamá ese cambio democrático. Todo el mundo creía que Martinelli y los suyos eran inamovibles. No fue así. El demagogo diría que el pueblo habló. El demócrata dice: el país votó. Hay que terminar diciendo que el país que votó lo hizo hacia un cambio de gobierno. entre otras cosas porque no tragó con los trucos burdos del gobierno saliente; trucos burdos, truculentos, y a veces vergonzosos. De modo que hay esperanza. La democracia panameña, aunque haya muchos incrédulos y no les falte razón, ha salido fortalecida y quienes creían que tenían todo el pescado vendido, y que iban a seguir en el marchito del gobierno, han caído con estrépito. Sucede el cambio con frecuencia cuando hay democracia, pero sin libertad y sin democracia no hay cambio posible. América Latina entera tiene instituciones y democracias frágiles, donde prende con asombrosa facilidad la llamada de la tribu -el nacionalismo-, la corrupción y, desde luego, la tentación del totalitarismo y de la demagogia. Hace mucho tiempo que tenemos noticia de dictadores y dictaduras interminables que esclavizan a sus pueblos y ciudadanos afirmando una y otra vez que ellos son la encarnación del pueblo y de la democracia. Esa es la peor de las demagogias. Decía el poeta peruano César Moro que en todas partes cuecen habas, pero que en el Perú sólo se cocían habas. Es lo que hace una dictadura: cocer exclusivamente el caldo de habas que le conviene a su poder absoluto. Una democracia, en cambio, ha de tener controles sobre el Ejecutivo, libertad de expresión, asociación de todo género y, sobre todo respeto. Yo, personalmente, me alegro cada vez que en uno de nuestros países hay un cambio democrático que llega a paliar los defectos de un gobierno que no fue buen gobierno. Me alegro por el país donde se produce ese cambio, me alegro por sus ciudadanos y, desde luego, me alegro por la democracia y la libertad. Así se prueba que el país tiene su voz y que, al final, todo se paga en esta vida. El robo manifiesto y la tentación totalitaria -que nace del autoritarismo- también.
¿Hay que seguir creyendo, pues, en la democracia liberal, que deja tanto que desear y crea tanta zozobra y desajuste en la vida cotidiana? Hay que seguir creyendo en la democracia. Y mejorarla. Cambiar cada cierto tiempo el gobierno que no lo hace bien y sustituirlo, mediante el voto libre, por otro que represente una nueva esperanza y una nueva existencia de las instituciones. Por eso, en estos tiempos tan terribles, Panamá ha representado y representa un ejemplo democrático. Porque el cambio se ha producido contra pronóstico, porque los pronósticos no valen nada ante la voluntad limpia y libre del país. Y porque el país y el pueblo se quitan de encima un gobierno que se había pasado de castaño oscuro hacía ya mucho tiempo. Enhorabuena, Panamá, saldrás adelante.

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