La paz y la libertad

Asistí satisfecho hace unos días, en la FIL de Guadalajara, a un diálogo público entre los escritores Vargas Llosa y David Grossman. Los días en los que estuvo Simon Peres, el presidente del Estado de Israel, en el hotel Westin, junto al Hilton donde yo me encontraba, la policía mexicana e israelí vigilaban la hipótesis remota de un atentado. No ocurrió nada de ese género en la FIL de Guadalajara e Israel, país invitado de honor, cubrió con excelente graduación su presencia en esta formidable feria del libro. Pero quiero hablarles de ese diálogo entre uno de los mejores escritores judíos de estos años, David Grossman, y un intelectual y escritor de primera línea universal al que todos conocemos, admiramos y leemos, Mario Vargas Llosa. La conversación giró sobre la creación literaria que para los dos forma parte de la vida y de la libertad. Todos tenemos claro que la libertad es una conquista inalienable de los pueblos y de cada uno de los seres humanos que caminamos sobre la Tierra con ese anhelo constante en la mente y en los actos: la libertad que es consustancial a la paz.
Pero el ser humano se empeña en querer ser libre a costa de otros, y esa injusticia maneja una cantidad de conflictos insoportables en estos momentos. De eso hablaron también Grossman y Vargas Llosa. Grossman tiene frente a la política de su gobierno una postura muy crítica. Su alocución en Guadalajara estuvo llena de llamadas para la paz y la libertad de dos países y dos pueblos que tienen derecho a asistir. Simon Perez había comentado unos días antes en el mismo escenario que el problema para La Paz no eran los asentamientos judíos en territorios palestinos, sino los ataques constantes de las organizaciones terroristas palestinas. El nudo gordiano se muerde la cola: unos judíos cualquier noche entran en secreto en territorios que no son de asentamiento y lo convierten en su casa. Al día siguiente, traen unos sacos como barreras, se encierran en su solar y comienzan la construcción de sus casas. Los palestinos los atacan y el Ejército israelí tiene que ir a defenderlos. Y así sucesivamente. Pero esa política está viciada: sólo hablando en profundidad y con la máxima lealtad posible pueden esos dos pueblos coexistir. Con razón, el Estado de Israel, que es una democracia occidental, mantiene que hasta que no cese el fuego del terrorismo su ejército defenderá con las armas también la vida, la libertad y las posesiones de los ciudadanos israelíes, cada vez más radicalizados en la política del asentamiento y la guerra. Grossman criticó esa política y llegó a decir con todo lo que eso significa que el Estado de Israel no tiene ningún derecho a ejercer una constante injerencia en la vida de los palestinos y sus territorios. Mario Vargas Llosa sorprendió a la audiencia afirmando que nunca se sintió tan de izquierdas como cuando visitó Israel la primera vez en su vida y vio el trabajo colectivo de un pueblo, el judío, por alzarse con la paz y la libertad en una geografía tan convulsa desde hace tantos años.
No parece que estos diálogos necesarios para la libertad y la paz en el mundo, como este de Guadalajara organizado por la FIL y por la Cátedra Vargas Llosa, vayan a mover un ápice las conciencia de los políticos y los militares judíos y palestinos, que probable y desgraciadamente seguirán peleando y matándose hasta hacer imposible en los lugares llamados santos la libertad y la paz que son conceptos y lugares mucho más santos para la vida que la religión de cada uno. Pero ese granito de arena queda: los escritores comprometidos con la paz y la libertad deben dar ejemplo de honestidad y contundencia cívica frente a las bestialidades de la guerra y el terrorismo. Grossman, que es un gran escritor y que, además, es tildado de traidor al Estado de Israel por muchos radicales de derechas, integristas y ortodoxos, ha dado una vez más un paso adelante y un ejemplo para la libertad y la justicia que encarna el concepto de la paz. Habrá otros foros, seguramente más resolutivos en todos los sentidos; habrá movimientos políticos y civiles que luchan y lucharán por la paz y la libertad soñadas, y ojalá llegue el momento de proclamar victoria, cuando la existencia de los estados, el palestino y el judío, no sea lo que hoy es: una vergüenza y una matanza constantes que hacen imposible la llegada de un día en que los dos pueblos bíblicos, viejos como la propia Humanidad, dejen de matarse. Entonces llegará la verdadera paz. Y la verdadera libertad. Y algo habrán hecho los escritores escribiendo y hablando para conseguir ese espacio que debe de existir por bien de todos, el de la libertad de todos y la paz para todos.

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