Listen to me

Todo en Miami. La presentación de las memorias de Anjelica Huston en la FIL de Miami cuesta cincuenta dólares por persona. Escuchar a Bob Marley, o mejor a su doble, cantar jazz de Chicago junto a Angela Davis un poco más. Todo cuesta dinero en Miami, menos leer “Listen to me”, la maravilla para rezar y hablar con Dios que ha escrito Manuel Vilas en facebook cada vez que habla con Dios. Vilas es un genio. Ayer, en un par de minutos, convenció a dos bombones negros de cuarenta años, preciosas e inteligentes, y muy risueñas, para que se sentaran con nosotros a hablar de Lou Reed. Vilas jugaba con ventaja, porque se lo sabe todo de memoria: Reed forma parte de su Dios, es un componente importante de su vida y su reflexión, y de su literatura. Hoy, Kirmen Uribe, recién llegado se maravillaba de que la labia de Vilas hubiera mantenido a las dos modelos negras -que, naturalmente, hablan español- durante veinticuatro horas sin cansarlas, haciéndolas reír, desayuno, piscina, almuerzo, entrevistas para la prensa y, ahí los dejé, presumiblemente cena. Todo en Miami regado con cerveza. Yo me dediqué gran parte de mi noche a estudiar de nuevo a la Davis en la barra, acompañada esta vez por un rafta igualito a Bob Marley. Vilas, en un momento determinado, se acercó al rafta del jazz y le habló algo de Reed y de no sé qué literatura. Sólo oí el final de su perorata: “No te enfades conmigo, Bob, que tú también eras muy muy grande”. En fin, la Feria y sus muchas actividades. El escritor Jorge Eduardo Benavides corre con suerte en esta fiesta: su novela es la mejor que va en la carrera de caballos que son las ventas y los medios informativos no dejan de hacerle entrevistas. Un relajo. Sigue lloviendo en Miami City, palos de agua que parece que van a arrasar el paisaje, que desaparece de nuestra vista provocándonos una repentina y angustiosa melancolía, hasta que vuelve a aparecer el puerto de la ciudad, sus luces muchas, su verde interminable en el horizonte de los cayos, y luego los canales y el mar. Esta ciudad, que nació de la improvisación y los destierros, y que vivió como todas su violencia, ya es un territorio asentado y próspero, aunque a mí siempre me parecerá, no sé por qué, una geografía provisional. O una ciudad de entrada y salida de viajeros, aviones, cruceros, gente sin parar de un lado a otro, brasileños (ahora les toca a ellos, a ver hasta cuándo) “demedós”, como antes nosotros, los españoles, y después los venezolanos, y ahora ellos, ¡qué barato, déme dos!, así es la vaina. Y mucha música por todos lados, en la playa y sus alrededores, mucho cubaneo y mucho latino, buenos restaurantes de carne y pescado, gente haciendo gimnasia en las calles y los parques, y compras, compras, compras, todo en Miami se compra y se vende constantemente. Algunos, como yo, ni compramos ni vendemos, firmamos libros cuyos derechos estamos seguros que no vamos a cobrar jamás (libros de los que nuestros editores nos dirán que ya cobramos los derechos en el anticipo y por contrato), libros, el hombre es libre, la mujer es libre, y viva la librería en esta decadente civilización que sí, tardará en caer, pero ya se está cayendo poco a poco, pero perceptiblemente, una decadencia que se evidencia en la falta de respeto de la gente con la gente y con todo lo demás, la falta de cuidado en las cosas y en la atención, en todo, Occidente se va ocultando en su ocaso, poco a poco, y el capitalismo con él. Estoy seguro de que no sobrevivirá tal como lo conocemos, ya será otra cosa, tal vez una selva libertaria y darwinista, maltusiana, tal vez un tugurio de los que nos regalan las películas que nos retratan el futuro. En fin, Miami, y esta reflexión de fin de semana, con Bob Marley cantando jazz con Angela Davis, y Vilas, el eterno y gran Vilas hablando con Dios de tú a tú en “Listen to me”, Dios en inglés y Vilas en español. Una fiesta.

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