Un masaje y un entretenimiento

Ayer noche hablé en la FIL de Miami. Fue muy divertido. Conté que, en la piscina del hotel, se me acercó una mujer negra de unos cincuenta años y me preguntó primero en inglés y luego en español si quería un masaje de una hora y un entretenimiento. No le pregunté de qué entretenimiento se trataba ni cuánto iba a durar porque me supuse que la mujer me daría un bofetón. Decliné su ofrecimiento y, un minuto más tarde, entró en la piscina una pareja de negros muy bien plantados. Él era, sin duda, un atleta, y ella era la doble perfecta y exacta de la novelista Toni Morrison, pura “gauche caviar” norteamericana y neoyorkina. Se metieron en el agua a carcajadas y no dejaron de reírse en toda la mañana. Fue un espectáculo. Él margullaba como un delfín incansable mientras Toni Morrison aplaudía. Se divertían como niños ante el asombro admirativo del resto de los clientes de la piscina. Se lo conté a Carlos Alberto Montaner mientras cenábamos tras nuestro coloquio sobre literatura, escritores y política en la FIL y él me regaló otro cuento espléndido. Me contó que, cuando cayó el llamado Telón de Acero y se desmerengó la Unión Soviética, fue a ver al viejo Mas Canosa para decirle que el régimen totalitario de Castro en Cuba se vendría igualmente abajo en un par de años y que él, el propio Mas Canosa, tendría que liderar un partido conservador. “Estás comiendo mierda”, le dijo Mas Canosa en cubano. “Se vendrá abajo en menos de seis meses”, le añadió. Después, Montaner vio en secreto a García Márquez y le dijo lo mismo: que había que hablar porque Castro y su régimen caerían en dos años por la propia fuerza de los hechos. Y le añadió que Mas Canosa le había pronosticado que mucho antes: en medio año. “Los dos están comiendo mierda”, le dijo García Márquez a Montaner en su reunión de Barcelona. “Tardará exactamente seis años”, añadió. Aquello fue en el año 1990, ha pasado mucho tiempo, Mas Canosa murió, García Márquez no parece acordarse de nada y Montaner sigue esperando en Miami que el régimen de los Castro y los Castro se vayan de una vez a comer mierda eternamente. Medir el tiempo por anticipado es un error: ni siquiera los economistas, que hacen todas las trampas del mundo para que coincidan sus pronósticos con los resultados posteriores, atinan nunca. Yo volví hoy, renovado y con un sol ardiente en el cielo, a la piscina del hotel a tomar un par de horitas de sol antes de ir a la FIL y tras escribir un artículo para el Magazine de El Mundo, el diario madrileño, sobre el mesianismo revolucionario e inútil de Hugo Chávez. Para mi sorpresa, allí estaban otra vez, jugando como dos niños pequeños la doble de Toni Morrison y su atleta margullador e incansable. He ahí una pareja por la que no pasa el tiempo, me dije melancólico. Después me tomé un par de cervezas Sam Adams que me supieron a gloria, encendí un “señoritas” y entreví, de paso, a la mujer negra del masaje de una hora y un entretenimiento tratando de captar clientes en aquel circo acuático. En una de esas se acercó a Norman Mailer, que leía hoy el U.S. Today, y le preguntó muy amablemente si le gustaría tomar un masaje. Mailer se le quedó mirando fijo a la cara unos segundos con ira contenida. Ese es mi Norman, me dije. Y luego el cascarrabias volvió a su lectura sin contestar una palabra a la masajista, vestida como para ir a tomar un aperitivo antes de la cena. Recliné mi hamaca, aspiré el humo de mi “señoritas” y miré al cielo. Pasaba un avión con su ruido y todo por encima de nosotros. Al fondo, se oía una carcajada más de la doble de Toni Morrison, mientras su atleta margullaba como un pez mitológico e incorregible.

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