Titanes en las nubes

Entre el Barça y el Real Madrid, y “vicervesa” (como acuñó alguna vez el novelista Bryce Echenique), han convertido el juego del fútbol en un negocio de empresa contemporánea. Se atribuya a Rafael Sánchez Ferlosio el siguiente criterio: que no se debe hacer chistes con los catalanes, “porque siempre pican”. Una vez, con motivo de un enfrentamiento entre el Real Madrid y el Barça, hice una broma con Poncio Pilatos y sus legiones catalanas y salieron a guillotinarse los eruditos catalán instas a la violeta, tal como los describe Cadalso. Exactamente eso es lo que hicieron: llevarme al cadalso metafórico del desprestigio tildándome de analfabeto y otras cosas.¡Angelitos!, así les va en la vida, robados durante tres siglos por la maldita España, cueva de ladrones, pícaros e insolventes mentales, mientras que en Cataluña, el paraíso, florece la modernidad de siempre, echarle la culpa a Madrid, una ciudad y un mundo que me gustan mucho, tal vez por lo que decía hace un tiempo Antonio Muñoz Molina: porque es una ciudad que, a lo que parece, tiene la culpa de todo. Y todo lo aguanta, con resignación. Hasta que su alcaldesa, en un foro internacional en el que pedía los Juegos Olímpicos, invitara al mundo entero a tomarse un café relax en la Plaza Mayor. Más aceite da un ladrillo, porque ella lo hizo en un inglés tan macarrónico que encandiló al público en general, sorprendido ante la mundanidad -tan art decò y siglo XIX- de nuestra alcaldesa. Por el contrario, el alcalde de Barcelona, habla un español extraño, mueve mucho los labios y la dentadura, su mandíbula -quiero decir-, y parece un muñeco de feria saboreando un caramelo en la boca. La vida política, como la futbolística, está llena de rumores. Yo estoy escribiendo esta nota, entre bromas y veras, desde Panamá, y aquí dicen que lo que quiere realmente el Barça es fichar a Iker Casillas en cuanto salga del equipo catalán el ínclito Valdés, que quiere irse al Mónaco a jugar en los casinos de las grandes ligas como si ahora lo hiciera en un pueblo. ¿Y qué piensa Casillas?, he preguntado angustiado a mi garganta profunda catalana. “Depende de cómo lo reciban en Barcelona el próximo sábado”,me dijo. Yo, que no me imaginaba que vería caer el muro de Berlín, que nunca pensé que Berlusconi era un ejemplo a seguir por tanta gente, que jamás me cambié de acera, y ni siquiera de chaqueta, porque me conviniera; yo, que como el ángel de Blade Runner, he visto tantas cosas que ustedes no se las puedan imaginar, jamás ni en mis peores pesadillas pensé que los catalanes del Barça iban a elegir como héroe gentil a mi portero favorito en el mundo entero. Tendré que resignarse una vez más a ver que en esta quijotesca Ínsula Barataria, que incluye a Cataluña entera, ocurran milagrerías y maravillas que van contra la lógica y el sentido común.
Una vez más, ante el duelo de titanes, afirmo que soy del Real Madrid, de la U.D. Las Palmas y de todo aquel equipo que le gane al Barça. Mi enemigo de fútbol es el Barça, y no el Atlético de Madrid, que lo es para muchos hinchas del Madrid. Yo tengo estética y sentido común, y el titán al que siempre le tendré la metralleta puesta encima es al Barça, aunque no me duelen prendas, precisamente por sentido común, al reconocer que ese mismo equipo, el Barça, es el equipo de fútbol que mejor ha practicado el fútbol en equipo en los últimos seis o siete años por lo menos. En cuanto al otro titán, El Real Madrid, ha de ganarse a pulso, partido a partido, la fe que ya le tenemos. Aquí no se puede esperar a nada. El público del Bernabéu es más exigente que el de ningún otro estadio del mundo y, en cuanto ve que algo o alguien no le gusta, se lo echa a los leones y a otra cosa, mariposa maravillosa. Espero que, el sábado, Casillas sepa comportarse, como siempre, en el banquillo, y cuando Ancellotti, con muy buen tino, lo saque al campo en la segunda parte. Entonces, ganaremos, y el titán catalán oirá desde lejos la cuarteta del gitano andaluz que todos conocemos: “En el fondo de un barranco/ se oye a un gitano llorar/ ¡Mare mía, quién fuera blanco,/ manque fuera catalán”. Amén y Dios nos coja confesados.

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