El ego del escritor

Hay mucha crítica negativa sobre el ego del escritor. Siempre fue así, y ahora en las redes sociales corre mucha más tinta que papel… Seguro que siempre hubo escritores que trataron de dar una imagen de humildad ante la gente. Seguro que muchos fueron y son discretos. Pero la inmensa mayoría disimula el ego, desde los más grandes a los más pequeños. La literatura, la escritura literaria, tira del ego del escritor y lo convierte en un ser cuya autoestima está por encima de toda duda para él. ¿Cómo si no es a través del ego, que también es una forma de reconocimiento, puede llegarse a ser escritor y, en general, dedicarse a las artes creativas como si ese oficio fuera la vida misma? Sin ego, un escritor queda al arbitrio caprichoso de las tormentas que lo llevan de un lado a otro de la literatura, lo despistan, lo desnortan y lo envían, sin que apenas se dé cuenta, al infierno del olvido. Y luego están los “ninguneadores”: aquellos escritores que utilizan no el ingenio malvado o perverso para reducir a cenizas a otros congéneres sino el silencio. Como si no existiéramos. ¿Qué haríamos sin ego ante los ninguneadores y los que usan el silencio para que la nada caiga sobre nosotros? Hacer bulla, dicen los cubanos. Sí. En un universo en el que se necesita un milagro para poner un libro, el que sea y de quien sea, en la conversación de la gente; en una sociedad donde se trivializa casi todo lo que es cultura; en un mundo en que prima lo que se llama la cultura del espectáculo y el aplauso (lo que los romanos llamaron panem et circensem), ¿qué le queda al escritor para reclamar atención de las minorías sino extremar su ego, su altivez, sus ganas de intervenir, con nombre y apellido en esa misma sociedad?

Quienes critican desde la escritura literaria la egolatría de los demás escritores se olvidan de la suya, que normalmente es mayor que la de los criticados. La autoestima es algo normal, que recomienda la medicina psiquiátrica como un método nada extraordinario para estar en la vida. El ego, según otros, es la exageración de la autoestima. Pero, como en algunos juegos de cartas, es asuntos de ego para un escritor, al menos, es mejor pasarse que quedarse cortos. A veces tengo la impresión de que los papeles que nos adjudicamos los escritores en nuestra sociedad no coinciden nunca con la realidad que ven los demás. Muchos escritores buscan, en el fondo, un triunfo social a través de la literatura. Pero otros no: otros buscamos que la misma escritura, el hecho mismo de escribir, sea ya un triunfo para nosotros. Hace falta resguardarse de las culpas que los demás tratan de echarnos a la espalda para que nos pese mucho m´ñas la existencia. Hay que generar, con los años y el ego, una piel de cocodrilo casi imposible de atravesar por los golpes y los disparos de los tiradores encubiertos. El silencio es uno de esos disparos. Hacer caso del silencio no rinde para un escritor que se ha pasado la vida es. Con el ego del tamaño de la estatua de La Libertad, si hace falta.

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4 respuestas a El ego del escritor

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