Volver a la televisión

El otro día, en un cuestionario para una revista on-line, “La Patrulla de Salvación” me me planteó la hipótesis, entre otras preguntas, si iba a volver a la televisión. Si iba a presentar, dirigir, “guionar”, lo que fuera, serias o programas de televisión. Tengo para mí, esa fue la contestación, que la televisión para un escritor, y yo no soy otra cosa, es sólo un medio y no un fin; un medio para aprender cuanto de positivo tiene y cuanto de negativo puede llegar a tener. Estuve en televisión más de veinticinco años. Hice periodismo y cultural, cultura periodística o periodismo cultural. Como ustedes quieran llamarlo. Fue una temporada de neurosis continuas, porque la presión que ejercen esos medios (y añado la radio) en alguien como yo, que no es exactamente un periodista y que la única vocación que tiene en la vida es escribir (y no dejar nunca de leer: escribir no es otra cosa que leer despacio), es exagerada, arbitraria y gratuita. Hay que depender de mucha gente: iluminadores, realizadores, guionistas, redactores, etc…, gente que no siempre se deja dirigir, gente que son -sin duda- buenos profesionales que ven de otra manera el medio en el que trabajan -un fin para ellos, es su profesión- y que, en el fondo, saben que tú, que los diriges circunstancialmente, no eres más que una especia de intruso, que entra un día por una puerta y se marcha otro por la de salida, apenas sin dejar huella.
Hice en TVE (para La 2 y su cadena Internacional) cien programas de “Los libros”, por donde pasaron más de cinco premios Nobel de literatura en cuatro años, desde Saramago a Vargas Llosa, a Cela y Günther Grass. Y un sinfín de grandes escritores y personalidades. Pero ahora no volvería a hacerlo. Ni tengo la misma energía que hace más o menos quince años, ni tengo las mismas ganas de aparcare en la televisión. Esta noche, sin embargo, me graban en “Las noches blancas”, que dirige Sánchez Dragó, una entrevista que versará, esencialmente, sobre la última novela que acabo de publicar: “La noche que Bolívar traicionó a Miranda”. Serán veinte minutos de conversación con un viejo amigo, con el que no estoy de acuerdo en casi nada (pero somos amigos, claro), pero al que admiro por su tesón por mantenerse en la televisión durante más de veinte años como si en esa función le fuera la respiración de su vida.

Creo que, a estas alturas de mi edad (en mi primera vejentud), debo ocuparme de lo que más me gusta, gastar toda la energía en ese regalo de la vida que es la vocación pasional de escribir, el vicio sustancial del escritor. Lo demás, claro, incluso la televisión, son pequeños o improbables placeres por los que uno (yo mismo) circulo sin más apetencia que presentarme ante los telespectadores como, ya lo lo he dicho antes, de lo único que soy escritor, con todas las credenciales y la memoria en su lugar exacto. Claro que en la televisión se puede aprender mucho, pero mi finalidad principal es escribir todos los días. Aparecer en la televisión, o en cualquier otro medio no escrito, debe tener una excusa´suficiente para un escritor. Tal vez la reciente publicación de uno de sus libros lo sea.

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Una respuesta a Volver a la televisión

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