Ulises y la comadreja

Acantilado, la gran editorial de Jaume Vallcorba, acaba de publicar un libro muy curioso sobre los mercados: “Ulises y la comadreja”, de Goerg von Wallwitz. Dice ser, aún no lo leí pero tengo mucho interés, una introducción simpática a los mercados. Me parece un oxímoron. La globalización trajo cosas muy buenas, pero -como todo progreso- también efectos perversos que estamos pagando todos con la crisis, los robos y la corrupción. ¿Tienen que ver la bolsa, los mercados y, en general, los especuladores con esta situación desastrosa? Parece que sí, que la globalización económica ha beneficiado mucho a muchos y, a lo que parece, muy poco a muy pocos. Los llamados mercados se adelantaron a lo que el tiempo nos había pronosticado: que la globalización sería también política, de modo que, al ceder soberanía a multinacionales políticas, podríamos enfrentarnos a los monstruos mercantiles, y a sus muchos pasajeros de primera clase como especuladores, con gobiernos internacionales con leyes internacionales creadas al efecto. No fue así, y nos hemos quedado viudos de política y ahítos de economía. Los trucos de los especuladores, y los de aquellos que dicen velar por las leyes de la oferta y la demanda, han resultado un fraude muy difícil de digerir para el sistema capitalista. Tengo la impresión, al menos a veces, que el desmoronamiento continúa, lento pero sin pausa; tengo la impresión de que la llamada recuperación no llegará nunca de manera justa a todos, sino que se van a beneficiar desde el principio de esa hipótesis los mismos que provocaron la crisis. Tal vez Ulises, ese hombre que engañó a los dioses y los hombres con su astucia, pueda sobrevivir a los mercados que todo lo acaparan y controlan. Tengo muchas malas impresiones, aunque sigo siendo optimista, atado al palo mayor del optimismo y pensando que, tal como está el mundo, los occidentales somos unos privilegiados. No es conformismo, es realismo cotidiano, aunque no sea exactamente un dogma lo que estoy exponiendo, sino todo lo contrario: un criterio adquirido a lo largo de la vida, entre terremotos, desmerengamientos, errores, robos y todo lo demás que ustedes ya conocen de sobra, tanto como yo.

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